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Diversión en el hielo. |


Investigaciones llevadas a cabo en los glaciares islandeses parecen demostrar que hay dos capas sustancialmente más gruesas, fechadas a finales del siglo XIII y en el siglo XV.
De la misma manera, investigaciones llevadas a cabo en la isla Baffin determinan que la temperatura actual del planeta es la más alta de los últimos 2.000 años.
Se sabe que entre los años 1645 y 1715 la actividad solar era extremadamente baja, hasta el punto de que se registraron varios años sin ninguna mancha solar. Ese periodo, conocido como "Mínimo de Maunder", coincidió con uno de los momentos más duros de la llamada Pequeña Edad de Hielo, sin que se haya establecido el motivo de esta relación. Lo que si se sabe es la relación de volcanes que presentaron una alta actividad en esos años. La guinda sobrevino en 1815 y 1816 con la erupción del volcán Tambora de Indonesia cubrió de cenizas la atmósfera con tal intensidad que ese año no hubo verano y los hielos y las nieves no abandonaron Nueva Inglaterra ni tampoco el norte de Europa en todo el año. En España el río Ebro se heló completamente siete veces y con una duración que superó las dos semanas. En zonas costeras mediterráneas, donde no nieva ni un solo día al año, se construyeron neveros que se mantuvieron en servicio hasta mediados del siglo XIX.
De la misma manera, investigaciones llevadas a cabo en la isla Baffin determinan que la temperatura actual del planeta es la más alta de los últimos 2.000 años.
Se sabe que entre los años 1645 y 1715 la actividad solar era extremadamente baja, hasta el punto de que se registraron varios años sin ninguna mancha solar. Ese periodo, conocido como "Mínimo de Maunder", coincidió con uno de los momentos más duros de la llamada Pequeña Edad de Hielo, sin que se haya establecido el motivo de esta relación. Lo que si se sabe es la relación de volcanes que presentaron una alta actividad en esos años. La guinda sobrevino en 1815 y 1816 con la erupción del volcán Tambora de Indonesia cubrió de cenizas la atmósfera con tal intensidad que ese año no hubo verano y los hielos y las nieves no abandonaron Nueva Inglaterra ni tampoco el norte de Europa en todo el año. En España el río Ebro se heló completamente siete veces y con una duración que superó las dos semanas. En zonas costeras mediterráneas, donde no nieva ni un solo día al año, se construyeron neveros que se mantuvieron en servicio hasta mediados del siglo XIX.
La "Pequeña Edad del Hielo" puso fin a una era extremadamente calurosa y es que los científicos parecen determinar que estos fenómenos, aparentemente inusuales, son más frecuentes de lo que los humanos solemos creer. Parece ser que tales anormalidades suelen producirse al menos una vez cada 1.500 años, dándonos una clara conciencia de que los fenómenos de la naturaleza son mil veces superiores a todos aquellos que el ser humano pueda realizar. El problema es que hasta hace relativamente poco no había un seguimiento regular y escrito de tales sucesos. Actualmente hay registros de todos los fenómenos climáticos por lo que, en el futuro, será más fácil dar luz a las incógnitas que se produzcan. Lo que parece claro es que, al menos hasta ahora, los cambios siempre han venido determinados por causas ajenas al ser humano. Un aumento de las actividades volcánicas o un cambio de actividad de las manchas solares, son elementos más que suficientes para que el clima del planeta se vea modificado.
El cambio es brusco en su aparición y lento en su resolución pero, también con la misma brusquedad que se inicia el problema aparece la solución. Hacia el año 1.850 el planeta comenzó a calentarse de nuevo. Fue algo bastante rápido y definitivo. Aquel frío inusual no era propio de las circunstancias normales del planeta y cuando desaparecieron los obstáculos vino la normalización. La Tierra había estado durante demasiadas décadas en una situación que no era la propia y la naturaleza tenía también sus ganas de volver a la normalidad. Aquellas gentes que veían en esos cambios radicales un próximo fin del mundo estaban equivocadas. Era uno más de los problemas "normales" de un planeta vivo, sujeto a cambios y precursor por tanto de las condiciones favorables para la vida y también plagado de episodios severos para esa misma habitabilidad. Bien es verdad que en este momento se cree que la humanidad podría ser capaz de destruir el planeta para siempre, pero algunos creemos que en esas palabras hay más prepotencia que realidad.
El ser humano es grande, muy grande, pero no tanto.
RAFAEL FABREGAT
El ser humano es grande, muy grande, pero no tanto.
RAFAEL FABREGAT
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