
En nuestra comarca todos los pueblos que circundan el popular Pla de l'Arc, al que da nombre el famoso Arco Romano de Cabanes y del que muchos cabanenses presumimos con razón, son prácticamente de secano. Cabanes, Benlloch, Vall d'Alba, Pobla Tornesa y Vilafamés apenas si tienen alguna pequeña zona de superficiales "aiguamolls" en los que algunas norias de limitado manantial y largo cadenado, sirven para cultivar algunas hortalizas para el alimento de familias, animales y poco más. El resto del término municipal de estas poblaciones son pino y monte bajo en altura, cultivo de almendro, olivo y algarrobo en ladera y cultivo de secano en el llano.

Aunque primeramente el hambre lo hacía todo bueno y de interés, satisfecha ésta el personal buscaba una rentabilidad en su trabajo y los bajos precios imposibilitaban el cultivo de cereal en pequeñas parcelas, habiendo importantes latifundios en las mesetas castellanas que ya sembraban y cosechaban de forma mecanizada y en fincas de muchas hectáreas. En la década de 1.950 la mitad de las zonas llanas de los pueblos citados y especialmente Cabanes, se plantaron de viñas de este tipo y en la de 1.960 se llegó al 80%, siendo el resto almendros y olivos. La viñas estaban en su apogeo y, aunque en principio se vendía la uva a comisionistas locales que reunían y comercializaban el producto, prontamente los agricultores, asociados en Cooperativas locales, empezaron la construcción de Bodegas Vitivinícolas.

Quien esto escribe fue, durante once años, el encargado de la báscula de la Bodega-Cooperativa de Cabanes y puede dar fe de que se superaban los 6 millones de kilos al tiempo que, aunque pequeña, había una segunda bodega particular en la localidad (Joaquín Pastor) que tenía una buena clientela. Al mismo tiempo seguían comprando en Cabanes no menos de 2 o 3 comisionistas (Falomir, Juliets, el Peraile, etc) para Alcoholes Vidal de Castellón, con fábrica en Benlloch.



Arrancadas las viñas las mejores parcelas se plantaron con frutal de secano y el resto quedó improductivo. El éxito del frutal apenas duró 15 años.
La falta de lluvias suficientes y unos precios que no pararon de bajar impidieron la continuidad, llegando después el incremento de la industria y de la construcción, abandonándose el cultivo de la tierra en un 90%.
Llegados a finales del siglo XX y principios del XXI el abandono agrícola fue de tal magnitud que no solo se abandonaron las zonas de secano, sino que hasta incluso muchos de los huertos de naranjos del litoral, todos ellos en regadío y clima excepcional, están actualmente yermos.

Cuando no es el tiempo, son las plagas y cuando no los escasos precios que solo garantizan las expectativas del comerciante.
Con esta política es difícil que jóvenes agricultores sigan la trayectoria de sus antepasados y que garanticen el suministro de los mercados. Actualmente un gran porcentaje de los alimentos frescos que consumimos son de invernadero o de importación, pero el día que esta gente espabile y falle el suministro veremos que es lo que podremos llevarnos a la boca. Muchos como yo creímos que con la llegada de la crisis muchas parcelas volverían a trabajarse, tiempo sobra, pero si no hay rentabilidad es comprensible que esto no suceda. Los viejos de antes, bastos como cerrojo de prisión y menos cultura que asno de noria decían que...
"Para ser puta y no ganar nada, mejor quedarse sentada".
RAFAEL FABREGAT
No hay comentarios:
Publicar un comentario