
Mientras los españoles no se preocupaban en absoluto del impacto de su llegada al Nuevo Mundo, las autoridades británicas ya entrevieron que, para la conquista de aquellas tierras era importante resaltar las cualidades positivas de sus tropas y las negativas de las españolas. Tanto fue así que, en el imaginario popular, todavía hoy se tiene a los británicos como colonos pacíficos que solo buscaban la prosperidad del nuevo territorio y de todos aquellos que lo ocupaban y lo ocuparían en adelante, mientras que decir españoles era lo mismo que decir gente salvaje, sádicos que buscaban apropiarse de la riqueza de aquellas tierras desplazando a todos aquellos que la habían habitado hasta entonces y que se interpusieran en su camino. Ni tanto ni tan poco, a favor o en contra.

No se trataba de prostitutas como algunos pudieran pensar, aunque alguna habría sin duda. Efectivamente la mayoría eran madres solteras, cansadas de que en sus tierras de origen las tacharan de rameras, cuando en realidad eran simples muchachas engañadas por sus pretendientes. En el Nuevo Mundo buscaban una vida mejor, en la que poder criar a sus hijos con normalidad. Más de 300 de estas mujeres llegaron a Santo Domingo en el primer cuarto del siglo XVI y otras muchas lo harían en los posteriores. Tal fue así que en 1580 las mujeres eran ya una tercera parte de los pasajeros llegados al nuevo continente, la mayor parte de las cuales (60%) eran solteras y muchas de ellas con hijos. De estas cifras la mitad eran andaluzas, un 34% castellanas y un 16% extremeñas.
A partir de 1515 la Corona había ordenado que todos los cargos y empleados públicos que embarcasen debían hacerlo obligatoriamente con sus esposas, madres y hermanas. Fuera cual fuera su oficio, todos los viajeros debían ir provistos de un certificado de buena conducta. Más adelante, en 1549, se prohibió el embarque de judíos y moros conversos, esclavos de cualquier color y personas no nacidas dentro de territorio español. Todo eso nos indica que de ningún modo los españoles emigrados eran tan sádicos como los ingleses pregonaban, ni ellos tan dóciles ni pacíficos como pretendían ser vistos por las gentes autóctonas. Muchas de las españolas llegadas a América destacaron y llegaron a ser regentes de territorios y cargos de gran importancia.
Sin embargo la desidia de unos y otros hizo que ninguno de esos nombres fueron conocidos a ningún nivel, ignorando que la propaganda juega un papel decisivo en la Historia. Los ingleses cuentan que mientras los caritativos, puritanos y pacíficos británicos desembarcaron en Norteamérica, llegados a bordo del Mayflower, los barbudos españoles, violentos y dados al desenfreno sexual, ocupaban las tierras más al sur acompañados de soeces prostitutas enfermas de todo lo imaginable; que mientras los británicos arreglaban tierras y caminos, creando escuelas, iglesias y universidades, los españoles arrasaban cuanto encontraban a su paso violando a las mujeres de todos los colores y razas. No fue así pero, como siempre, así lo escribió la Historia de los vencedores. Es verdad que el primer prostíbulo del Nuevo Mundo se fundó por la Corona Española, el año 1526 y en la ciudad de Santo Domingo, pero se hizo para bien. "Para evitar que nadie molestase a las mujeres casadas y en pro de la honestidad de la ciudad".
RAFAEL FABREGAT
No hay comentarios:
Publicar un comentario