
Acorralado en un callejón sin salida Puigdemont optó por la huida, de la Justicia y de sus votantes. En el exilio voluntario, su figura recuperaba credibilidad y apoyos. Puede que sea un sinvergüenza pero, aunque fullero, hay que reconocer que es un buen jugador de póker.
Entendiendo que algunos abogados de Tribunal Supremo son simplemente imbéciles, los abogados de Carmen Forcadell y resto de la Mesa han mostrado a sus compañeros el camino a seguir. Un día de estos, Junqueras y Cía. cambiarán también su estrategia defensiva, dirán al juez que fue todo una broma, "que no lo harán más" y saldrán de la cárcel, de la misma manera que estos últimos no han llegado prácticamente a entrar. Claro que si el juez del Supremo no tenía bastantes pruebas para encarcelarles, ya para colmo de desfachatez y apenas salida de Alcalá Meco, la Forcadell ha dicho a los suyos que adelante, que hay mucho que hacer para alcanzar las metas propuestas.
¿Quien había de pensar que algunos jueces del Supremo eran tontos del culo?. Pues por lo visto sí. Como benévolo profesor de escuela primaria, un ratito de cara a la pared con los brazos en cruz y ¡hala! a jugar al recreo. En esta vida solo se trata de jugar bien las cartas, cosa que Junqueras y el resto de encarcelados no supieron hacer. Ahora ya lo saben. Hay que negar la evidencia y declarar que todo fue una especie de paripé. Un juego nefasto que robó millones de horas de sueño a propios y extraños, incluido el propio Rey de España, miles de puestos de trabajo y millones de euros en pérdidas para la economía catalana. ¡Casi nada!. Hubieran podido haberlo dicho antes y no hubiera sido necesario que tantas y tan importantes empresas marcharan de Cataluña. Ahora el mal ya está hecho y la economía catalana, particularmente la de los simples trabajadores, se resentirán sin remedio. Dos años más de retraso en la recuperación de la tan temida crisis, esta vez política y catalana para más señas. Recortes en todos los sectores, mientras los políticos seguirán viviendo a cuerpo de rey. Y el que esté tonto que empuje la noria...
El juez Llarena ha sido fácil de engañar, pero las empresa no lo son tanto y siguen marchando de Cataluña. Los independentistas de a pie de calle saben bien que las peroratas de sus líderes no eran puro teatro, sino una clara intención de adueñarse entre todos del territorio catalán. Lo que ha sucedido es que, de momento, ha sido imposible llevarlo a la práctica por falta de apoyos. Ninguna de sus acciones fueron una broma de mal gusto como declararon al juez Pablo Llarena, sino burdo empeño en modificar la legislación catalana y hacer caso omiso a la Constitución Española para poder llevar a cabo su Declaración Unilateral de Independencia, constituir la República Catalana y disfrutar como reyes del poder total sobre dicho territorio. El siguiente paso, lo sabemos bien, hubiera sido anexionarse Baleares y la Comunidad Valenciana. Esos eran (y son) sus planes, porque lo declarado ante el juez del Tribunal Supremo no se lo cree nadie y tampoco el juez que les ha tomado declaración. Así pues, en la cárcel son todos los que están, pero no están todos los que son.
RAFAEL FABREGAT
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