Comúnmente se nos dice que la mejor forma de afrontar los miedos es pasar por ellos, enfrentarte a ese miedo y luchar para doblegarlo. Eso es cierto pero solo en parte porque, para poder realizar esa acción con ciertas garantías de éxito, has de poner en práctica una serie de habilidades que no siempre se tienen. Al ser parte de nuestros antepasados, llevamos en nuestros genes parte de los mismos miedos que aquellos sufrieron.
Sin embargo eso no es malo en sí mismo pues esos miedos heredados nos ayudarán a enfrentarnos a los nuestros y a nuestras adversidades. Junto con los miedos de nuestros ancestros, también heredamos fórmulas para luchar contra ellos. La vida nos enfrenta muchas veces a situaciones inesperadas, contra las que jamás pensamos que pudiéramos vernos inmersos, pero parecidas situaciones ya las sufrió sin duda alguno de nuestros antepasados y con toda seguridad esa experiencia ancestral nos servirá de ayuda para afrontar la situación. Al igual que hicieran nuestros antepasados, unos responderemos con violencia, otros con resignación y otros lo harán con la sabiduría de quien ya ha pasado por eso, a pesar de no ser así.
Está todo en los genes de los que cada uno de nosotros sea portador. El miedo no es bueno ni malo, pero es un sufrimiento del que debemos sacar una utilidad, una enseñanza que nos servirá para nosotros y para nuestros descendientes. Hasta hace bien poco se pensaba que la felicidad o el sufrimiento eran personales, pero no es así. Los sentimientos, como tantas cosas, también son heredados. Todo queda almacenado en el 'disco duro' de nuestra existencia y en los genes de quienes vengan detrás de nosotros. Así pues, a pesar del sufrimiento que pueda producirnos, el miedo es útil, para nosotros y para las generaciones futuras. Pasar una mala experiencia y superarla ayudará a evitarlo o a llevarlo mejor en el futuro. Esa inseguridad que trae consigo el miedo no es para siempre, es una enseñanza, una piedra más en el camino de la vida.

Entender tus miedos no es fácil, pero puedes conseguirlo. Piensa en experiencias negativas que hayas podido tener en tu niñez y escríbelas en un cuaderno. Hacerlo te ayudará a sacarlas y a borrarlas del subconsciente. El mundo está lleno de gente ruín. No les hagas caso, evita relacionarte con ellos y sé tu mismo. De esos elementos que tan solo saben abrir la boca para criticar a los demás y que solo ven la paja del ojo ajeno y nunca su propia viga, es mejor alejarse. Descubre todas y cada una de tus cualidades, eso aumentará tu autoestima. Si te ves inferior, también ellos te verán así y actuarán en consecuencia. Para que te quieran, la primera regla es que también tú te quieras a ti mismo. Recuérdalo, solo ganando confianza se pierden los miedos.
RAFAEL FABREGAT
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