Escaso valor tenían en aquellos tiempos las huevas de éste ni cualquier otro pescado y lo que ahora son exquisiteces de sibarita, solo al alcance de grandes fortunas, en otro tiempo eran comida de pobres o simplemente de cochinos como en este caso. Hasta apenas hace un siglo, eran muchos los ríos españoles en los que el esturión era abundante y su carne era poco apreciada en fresco, motivo por el cual solía ahumarse desde muy antiguo como única forma de vender la producción estacional.
En el río Guadalquivir los Reyes Católicos otorgaron el monopolio del ahumado de esturión y la salazón de "caviale" a los monjes de la Cartuja de Sevilla. El esturión vive normalmente en el mar, aunque en zonas litorales de poca profundidad. Entra en los ríos a desovar y después regresa a su hábitat natural. Tras la eclosión de los huevecillos, los alevines de esturión (poliquetos) siguen viviendo en el río que los ha visto nacer entre uno y dos años para después trasladarse al mar. Con toda probabilidad al estuario del río en el que han nacido. Ya mayores, en otoño algunos ejemplaress llevan a cabo viajes migratorios hacia los mares del Atlántico Norte.
Su presencia en la Península Ibérica está registrada desde 18.000 años atrás en pinturas
rupestres y yacimientos. En épocas migratorias de desove su presencia en el Guadalquivir era tan elevada que, a pesar de su bajo precio, era rentable. Por otra parte se llevaban a cabo artes de pesca destructiva que eliminaban alevines a millares pues no había legislación al respecto. Los pescadores del Guadalquivir colocaban telas metálicas en la desembocadura de los canales del río y no dejaban pasar a los jóvenes esturiones hacia el mar que eran pescados con facilidad.
Lo mismo sucedía en el resto de ríos españoles, también ricos en este tipo de pesca. Sin embargo lo que acabó con los esturiones españoles no fue la captura masiva, sino la construcción de embalses llevada a cabo durante el mandato franquista. El dictador Franco abogó por la construcción de pantanos como alivio de la pertinaz sequía que regularmente sufre nuestro país durante el verano. Sin duda la medida favoreció y mucho a millones de agricultores y permitió el correcto abastecimiento de agua de las ciudades, pero se cargó a los esturiones que ya no pudieron remontar los ríos donde históricamente desovaban.

No pasa nada. Los cerdos andaluces y mucho menos los extremeños, no añoran las huevas del famoso pez. El cerdo ibérico actual, número uno del mundo por su exquisito sabor, come bellotas. Un alimento natural mil veces mejor que el caviar, para los cerdos y para quienes se comen después sus jamones. ¡Hmmmmm!. ¿Caviar?. Vaya porquería...
RAFAEL FABREGAT
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