

Ninguna batalla se desarrolló en sus cercanías pero, situada en el bando republicano, es de destacar el bombardeo aéreo recibido por las fuerzas del general Franco, el día 4 de Mayo de 1.937 que, en mayor o menor grado, destruyó alrededor de 30 casas, entre ellas el propio Ayuntamiento, matando a dos personas e hiriendo a varias docenas.
Alrededor de 50 aparatos "Junker" alemanes se repartieron entre Castellón, Almazora y Cabanes causando la destrucción y la muerte.
Mientras estos hechos acontecían, los mozos cabanenses aptos para la guerra habían sido desplazados por el gobierno republicano y eran escasos los brazos disponibles para el trabajo en el campo. La tierra, prácticamente abandonada, apenas producía el sustento necesario con el que sobrevivir.

Con el final de la guerra, la estación de tren de la Ribera tuvo gran protagonismo por la implantación del "estraperlo" y por ser el principal medio de transporte de personas y mercancías. Diezmados los escasos vehículos de motor y ante las dificultades para conseguir el ansiado petróleo, el tren era sistema principal de viaje, allí donde se disponía de esa posibilidad. A través del tren no solo se remitía cualquier mercadería, sino que también era la forma más económica de viajar para buscarse el negocio o el sustento.


Contaba también el abuelo que gentes de Burriana, literalmente acosados por el hambre, bajaban en nuestra estación cargados de caracoles, buscando unas patatas o boniatos como intercambio y forma de poder llenar el estómago de sus familias.

También Juan "Cruselles" montó tienda de ultramarinos enfrente de la Cantina y "el Fraret" hizo lo propio en la calle adyacente. Los bolsillos de los viajeros estaban poco abultados, pero el largo tiempo que los trenes paraban en nuestra estación, obligaba a viajeros y comerciantes a realizar alguna compra o gasto inevitable con el que poder atender las necesidades del cuerpo. Unos años después, todavía funcionando los trenes a vapor y ya ennegrecidas las fachadas de las casas de la zona por el humo de las chimeneas de tan irrespetuosas máquinas, la comarca empezó a despertar y rápidamente se incrementó la producción de naranjas y frutas diversas.
Numerosos vagones se cargaban con frutas y hortalizas de la zona, a la vez que otros vagones cisterna trasvasaban el primer vino de Cabanes y pueblos limítrofes como Benlloch, La Pobla, Vilafamés, Vall d'Alba, etc. Ante la espectacular cantidad de escobas que se fabricaban cada día en Cabanes, era costumbre bajarlas en carros hasta la Estación y remitirlas por tren hacia los mercados catalanes.
La actividad de nuestra Estación era frenética. Solo la carga y descarga de los diferentes vagones de mercancías ocupaba a varios operarios y el despacho de billetes y las esperas interminables de los viajeros hasta la llegada y salida del tren solicitado hacían que, permanentemente, decenas de personas deambularan permanentemente por las inmediaciones.

Aquella Estación de ordenado bullicio, que durante tantos años le proporcionó importantes ganancias a la compañía, quedó en desuso, sola y abandonada a su suerte. Los hierbajos crecían y crecen sin que nadie se digne a limpiarlos, ni siquiera como merecido homenaje a su brillante pasado, de pingües beneficios para todos.
Nuestro Ayuntamiento, en un acto de sentido homenaje al esplendor que esta Estación ha significado para el pueblo de Cabanes y muy especialmente a los vecinos de la Ribera, ha limpiado la zona e instalado parterres que alegran la vista de cuantos por allí pasan; muy especialmente la de las personas que allí viven y a los que, como nosotros, tienen una casita en la que pasar unos días de asueto, pero los terrenos de Renfe siguen abandonados, hasta que un día el fuego acabará con todo ello.
RAFAEL FABREGAT
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