
Visitados más de veinte países, conocidas todas las capitales de provincia españolas, visitados todos los pueblos de la provincia de Castellón y recorridos todos los caminos y lugares del término municipal de Cabanes...
- ¡Nos faltan los pirineos! -dijo mi mujer.
- Sí, pero... ¡tenemos que hacerlo bien! -le respondí pensativo.
Ya con los planos a la vista, añadí: Vamos a hacerlo en cuatro etapas... Primero haremos el Pirineo Aragonés, después el Catalano-occidental (Vall d'Arán, Alta Ribagorça y Pallars Sobirà), posteriormente el Pirineo Navarro y, para finalizar el Catalano-oriental (Ripollés, Garrotxa i Alt Ampurdà).
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Iglesia de San Pedro el Viejo. HUESCA. |
Una fechas atrás ya relaté en este Blog nuestro viaje al Valle de Arán, etc., por lo que hoy toca el turno al realizado al Pirinéo Aragonés, para nosotros el que mejores recuerdos nos trae. ¿Será porque fue el primero?. No lo sé. Lo cierto es que lo pasamos de maravilla y maravillados quedamos ante todas y cada una de las visitas realizadas y de los paisajes contemplados.
Bien organizado, pocas cosas quedaron en el tintero.
Salimos de Cabanes de buena mañana, pero sin madrugar. ¿Acaso no estamos de fiesta?.
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Castillo de Loarre. |
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Los mallos de Riglos. |
La primera parada fue en el Castillo de Loarre; construido en el siglo XI por el rey aragonés Sancho III, es la Fortaleza románica más importante de Europa. Como anécdota, decir que ha sido usado en numerosas grabaciones televisivas e incluso para el rodaje de alguna película.
La siguiente parada Riglos, con sus impresionantes mallos, formaciones geológicas del Mioceno, que en número de 18 y cada una con su propio nombre, son el paraíso de escaladores y amantes de la naturaleza.
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Monasterio de Siresa. |
Sobre basamentos visigodos, la primera documentación es del siglo IX aunque lo que hoy podemos admirar, es la reforma de la antigua abadía carolingia y fue construido en el siglo XI. En aquella época era sede episcopal y lugar donde se educó el rey Alfonso I el Batallador. Después de la visita tomamos la carretera local HU-212 que, pasando por Jasa y Aísa, nos permite visitar la Ermita románica de San Adrián de Sasabe.
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San Adrián de Sasabe. |
Fue sede de los obispos de Huesca hasta 1.077, cuando se creó la nueva sede en Jaca. Totalmente contrarios a la perdurabilidad que siempre se buscó para la ubicación de estas construcciones, Sasabe está situada en la intersección de dos arroyos que acabaron enterrándola casi por completo.
Fue en el año 1.962 cuando, a petición de los vecinos, obreros de ICONA decidieron desenterrarla, viendo sorprendidos el perfecto estado de conservación.
El lecho del río está situado un metro más alto que el piso de la ermita por lo que, a pesar de los trabajos realizados, el agua fluye constantemente al interior.
Un sillar cercano a su portada sur, nos recuerda que aquí fueron enterrados tres obispos de Aragón.
Su acceso actual tampoco es fácil puesto que, situada a la otra parte del arroyo que fluye constantemente, es menester pasar sobre piedras situadas a tal fin.
Ya cansados, tras esta visita salimos a la N-330 que, por Samport y Candanchú, baja de Francia hasta Jaca.
Allí nos esperaba una cena suculenta y un merecido descanso en el Gran Hotel de Jaca.
El siguiente día fue espectacularmente fructífero también. Tras desayunar en el propio hotel, salimos por la N-240 en dirección Pamplona para 5 Km. después desviarnos a la izquierda. Allí está el pueblecito de Stª Cruz de la Serós e inmediatamente el Monasterio de San Juan de la Peña. Fue el más importante de Aragón durante la Edad Media y aunque ya había algún pequeño cenobio anterior, su construcción la inicia Sancho el Mayor en 1.026 siendo el rey Sancho Ramírez, en 1.071, quien lo cede a los monjes cluniacenses y favorece la reforma y la construcción del claustro, ya dentro del siglo XII.



Realizada la visita a San Juan de la Peña seguimos viaje por la misma carretera local hacia Jaca, por el Puerto de Oroel.



La villa medieval tiene solo dos calles, la Mayor y la de Arriba, que confluyen en la Plaza Mayor, toda ella porticada. Un conjunto especialmente interesante que hay que visitar. Visitada la villa descendimos a la nueva Aínsa, pernoctando en el Hotel DOS RIOS**. Capital del Sobrarbe y dentro de la comarca del Somontano adquirimos unas cajas de tan estupendo vino y continuamos viaje.

Lo nuestro es alterar las rutas establecidas y, en este caso, lo hicimos despreciando la A-138 y siguiendo la Comarcal 260 hasta Campo y después la Local 1605, llegar a Roda de Isábena. Con menos de cincuenta habitantes es el pueblo más pequeño de España que cuenta con un templo cardenalicio. El obispo Sisebuto la consagró en el año 819, pero fue en el 956 cuando fue segregada de la diócesis de Urgel y convertida en sede episcopal con obispo propio. Su primer obispo fue Odisendo, que la consagró a San Vicente mártir en 957. Destruida por el hijo de Almanzor en el 1006 fue recuperada por los cristianos, consagrándola de nuevo en el 1030 a San Vicente y a San Valero. El altar mayor está situado en alto, sobre la nave central y bajo el mísmo una triple cripta de características similares a la de Aínsa, en la que se encuentra el sarcófago de San Ramón, obispo de Roda. (1104-1126)


Santuario de Torreciudad, construcción promovida por el Opus Dei, en moderno y feísimo ladrillo rojo. Había que huir con rapidez y lo hicimos por la A2210 en busca de Alquézar.
ALQUEZAR es harina de otro costal. Significa fortaleza y debe su nombre al castillo (Al-Qasr) construído en el siglo IX por Jalaf ibn Rasid. El encanto principal son sus casas y calles medievales, todas ellas de piedra y peatonales; la Colegiata de Santa María la Mayor, consagrada en el siglo XI y el Castillo.
Desde el casco urbano, una escalera construída en la misma piedra, baja hasta las profundidades del rio Vero, atravesando el monte que sustenta la villa por una cavidad horadada por el propio río.

Ya sin más preámbulos nos fuimos hacia Barbastro. El lugar previsto era el GRAN HOTEL CIUDAD DE BARBASTRO****. La cena, en el propio hotel, fue magnífica y tras un breve paseo por la calle peatonal de las inmediaciones, donde adquirimos algunos regalos para la familia, se impuso el descanso. Al día siguiente no madrugamos, no era necesario, por lo que tras un interesante desayuno bufé pagamos la cuenta y salimos a la carretera. Alrededor de 300 Km. nos separaban todavía de nuestra casa... Monzón, Lérida, Mora de Ebro, Tortosa, Amposta. Como es preceptivo, ya junto al mar paramos a comer los ansiados manjares mediterráneos. Después cogimos la autopista que nos llevaría rápidamente a Cabanes. Ya lo he dicho otras veces: ¡para ver lo bien que se está en casa, has de salir de casa...!
RAFAEL FABREGAT
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