
- ¡Cojones! -le dije yo- Esta visión no la tiene nadie del pueblo más que tú, porque para llevar esta idea adelante... ¡Hace falta un patrimonio de no te menees!.
- Bueno, cada uno tiene lo que tiene, pero se trata de sumar siempre, sin restar nunca -me dijo sonriendo- Yo lo que gano lo reinvierto siempre. Mientras pueda alquilar, no venderé.
- Vaya, vaya... ¡Por eso hay unos que hacen y otros que deshacen...! -dije yo intentando digerir explicación tan simple y contundente al mismo tiempo.
El citado promotor es hijo de padres listos y su mujer, socia y asesora, también. No es pues de extrañar que, aparte de "tenerlos bien puestos", tuvieran una base económica para empezar y agallas más que suficientes para multiplicarla cien veces. A la vista está.


En el mes de Octubre del año 1973, nuestros amigos comunes (Fransuà y Pepita la del Chaval), nos
comunicaron a mi novia Montse y a mí su próximo enlace matrimonial al tiempo que nos invitaban a su boda. Desde ese mismo instante nosotros, que ni se nos había ocurrido tal eventualidad, ya no pudimos quitárnoslo de la cabeza.
Tal como quedó reflejado en entrada anterior (PREPARANDO EL CAMINO) hacía apenas unas semanas que habíamos iniciado la construcción de nuestra futura casa, una obra que, ni teníamos previsto terminar ni teníamos medios para ello.
Pero el anuncio de la boda de nuestros amigos eran el detonante de las emociones que también nosotros queríamos sentir. A partir de ese día mi novia y yo ya no pudimos hablar de nada más y la idea de seguir los pasos de nuestros amigos rondaba continuamente por nuestras cabezas. No sabíamos cuando y como decirlo a nuestros padres, pero había que afrontar el reto y no queríamos esperar un minuto más. Les comentamos la posibilidad y la urgencia con la que pretendíamos llevar a cabo el enlace y, naturalmente, nuestras prisas les alarmaron.

- Hombre... inconveniente no hay ninguno pero, ¡esa urgencia...! -dijo el padre de mi novia.
- Son cuatro años largos de noviazgo y tenemos una casa en marcha que no podemos terminar
-razonamos. Consideramos pues que conviene empezar cuanto antes nuestra vida en común para ganar prontamente dinero y poder acabarla.
- ¿Y mientras tanto...? -preguntaron los padres.
- Pues... ¡buscaremos una de alquiler! -respondimos. Las cosas no estaban entonces como están ahora. Las casas habitadas estaban en unas condiciones bastante deficientes, por lo que las deshabitadas eran mucho peor. Todavía sin agua corriente en las casas, buscamos y barajamos ventajas e inconvenientes de la escasa oferta local y la mejor casa disponible era la de Vicent el de Paveto, número 77 de la calle Capitán Cortés, hoy carrer de la Font. Dicha casa, sin agua ni luz, estaba al menos construida con un cierto orden. Se componía de una pequeña entrada, fácilmente convertible en salita-recibidor; comedor y cocina; corral donde ubicar zona de lavado y aseo; y pequeño patio que tenía un antiguo retrete (entonces llamado "comú") que, afortunadamente, no había que vaciar por coincidir con una falla del terreno que absorbía cuanto echaras. En el primer piso y junto a la calle, la habitación principal con piso hidraúlico y detrás de ésta dos más, de ladrillo rojo, una de las cuales estaba siendo usada para criar gallinas y con varios centímetros de suciedad. Arriba una gran sala o desván.

solo la gastábamos para lavarnos o para tirar unos cubos al retrete.
La casa se alquilaba tal cual estaba, con toda la suciedad acumulada por los muchos años en los que solo se gastaba como trastero y criadero de animales y sin instalación eléctrica alguna. Mi suegra (Fina) y su hermana (Montse) se prestaron a ayudarnos y empezó el adecentamiento general de la casa, al tiempo que yo, sin conocimiento alguno de electricidad, empecé a instalar cableado de superficie y diferentes interruptores y enchufes. No hubo obra ninguna pero sí la pintura y empapelado de las diferentes estancias. El resultado fue aceptable y los plazos previstos se cumplieron sin problema alguno. Pronto se vislumbró que la boda podía celebrarse el 7 de Diciembre, que era la fecha pretendida. Exactamente una semana después de la de nuestros amigos (Fransuà y Pepita) que, por cierto, no pudieron venir a nuestra boda por estar en viaje de novios.

Una visita a la pequeña tienda de Pepe el Chato, en la calle del Carmen, completó "el nido de amor" del futuro matrimonio: una cocina de gas ORBEGOZZO, una nevera IGNIS y un televisor GENERAL ELECTRICA ESPAÑOLA en blanco y negro. De regalo un molinillo de café y una cafetera de ocho tazas.

Cuatro años y medio después, Mayo de 1.977, nos instalábamos ya en nuestra casa de la calle Delegado Valera. Estaba de moda entonces la colocación de talla y la instalación de luz indirecta en color. Así la pusimos blanca en el pasillo, blanca y roja en el comedor y azul en la habitación principal. A los nueve meses del cambio de casa nació nuestra hija Ana. ¿Sería por los diferentes colores de la iluminación? -se preguntaba la gente.
Yo, bromeando, decía que no sabía nada y que seguramente sería el pintor.
Por fin estábamos en nuestra casa. Toda la planta baja como taller para nuestro modesto oficio de fabricantes de escobas y arriba una de las más grandes y modernas viviendas de Cabanes.
No hay que desesperar. Con salud y trabajo... ¡todo llega!.
RAFAEL FABREGAT
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