
Yo voy a la de Don Julio que es la siguiente, primera para mayores. Para alguno de mis compañeros de clase ha habido novedades importantes. Una reestructuración del reparto de alumnado ha hecho que, buena parte de quienes íbamos a la clase de Don julio, pasemos a la de Don Paco al que se teme por la frecuencia y dureza de los castigos que impone.

Para no sobrecargar en demasía el número de alumnos de este aula, el mismo día de llegada a su clase Don Paco nos ha pedido que levantáramos la mano aquellos que supiéramos dividir, aunque solo fuera por una cifra. Dos o tres levantamos la mano en ese sentido y, sin comprobación previa de que fuera cierto, pasamos directamente a la tercera y última clase ¡la de los mayores! que regenta Don Francisco, el Director del colegio.

Don Francisco era el director del colegio. Católico practicante donde los haya, tocaba el armonio de la Iglesia y dirigía el coro parroquial a la vez que era también director de la Banda Municipal.
Formaba parte de la élite local y era por tanto uno de sus principales dirigentes.
Atendiendo sus órdenes como Director del colegio, la jornada empezaba con el izado de banderas y el cántico de los himnos franquistas, todos en correcta formación en el patio del colegio.

Una hora más tarde el toque de silbato indicaba el final del recreo y, prácticamente, de la clase matinal ya que apenas restaba tiempo para rezar el Ángelus y alguna nota preliminar sobre los trabajos a realizar por la tarde. Nada especial puesto que ésta se limitaba a realizar algún dibujo o bien a la lectura del Libro de España y poco más. Un año antes de finalizar el ciclo escolar, entonces hasta los catorce años y dos más después de salir de la escuela, tuve la suerte de que mis padres me permitieran asistir al "repaso" que impartía el maestro que había sustituido un año antes al llamado Don Paco.




La intensa emoción del momento y el ruído infernal de las mazas golpeando los bancos, todavía me pone hoy los pelos como escarpias al recordarlo.
El ceremonial religioso era excepcionalmente intenso en aquellos tiempos.
Varios curas confesando al mismo tiempo, sin poder dar abasto, al tiempo que otros se turnaban en sermones que parecían no tener fin. Las imágenes cubiertas con los morados lienzos y la escasa luz de la Iglesia recreaban la situación que el momento requería.

La asistencia de fieles era tan grande que cuando buena parte de la procesión ya había sobrepasado la calle de San Vicente, en els cuatre cantons, mucha gente todavía no había salido de la Iglesia.
La fé (o el miedo a todo y a todos) era mayor en aquellos tiempos pero, como todo en la vida, no duró para siempre. Después llegaba el Domingo de Pascua y renacía la luz y la alegría.

- 3,60 Ptas. paquete cigarrillos "celtas",
- 0,40 Ptas. una cajita de cerillas y
- 1,00 Ptas. una limonada "roja" del fabricante local (Siurana/Beltrán).
Aunque con saldo cero, las necesidades "más importantes" quedaban cubiertas.
En esta primera etapa, la merienda era temprana y se hacía en la casa de uno de los chicos. Cada uno sacaba lo que buenamente su madre le había puesto; yo tortilla y dos longanizas que llevaba en una pequeña fiambrera de aluminio llena de abolladuras que mi padre había traído de la Guerra Civil; un trozo de pan y la obligada gaseosa "roja" local. Los demás algo parecido. Al finalizar la merienda íbamos a "bailar/jugar" con las chicas y a fumarnos un par de cigarrillos, que nos mareaban y nos hacían toser. Naturalmente, también nosotros teníamos nuestra pandilla de chicas...

Pasaron dos o tres años y las pandillas se ampliaron. Nosotros, con la incorporación de José Antonio "el Teulé", pudimos ¡por fin! bailar sin cantar. (?) El Teulé tenía un transistor y, con música o con las noticias, nosotros bailábamos. Pagando el resto de amigos las pilas, eso sí, pero el que algo quiere algo le cuesta. Algo mayor que nosotros muy pronto tuvo carnet y coche. Un citroen que con solo dos caballos apenas si podía con nosotros. También ahí había que pagar la gasolina, naturalmente, pero la cuestión era viajar. (Hasta la Pobla Tornesa, como mucho).

Gran persona y propietario de Pick-up trajo a la pandilla la oportunidad de hacer "guateques" como Diós manda, o sea, con música de verdad.
Entre todos comprábamos discos (la mayor parte de segunda mano, a "Antoniet, el sort de Dotres" y el baile y las chicas estaban asegurados.
Mayores "pagas" de nuestros padres y el corte de "gavells de malea" que implantó "el Maquet" nos permitieron acceder a gastos impensables poco tiempo atrás. Las chicas aportaban merienda o pastas y nosotros la bebida, siempre de alta graduación y pocas veces del gusto de éstas que se quejaban con frecuencia de nuestra afición a comprar brandy y nunca licores dulces.
No era egoísmo por nuestra parte; el motivo era que la firma FUNDADOR promocionaba la venta de su brandy regalando un disco por cada botella adquirida y ¡claro! había que aprovechar... En esa época las parejas ya no eran las iniciales, aunque no vamos a dar más detalles sobre el particular...
Pandillas de chicos y chicas ya no eran compañeros inseparables. La nuestra organizaba "guateques" con dos o tres pandillas diferentes de chicas y lo mismo hacían ellas, que se dejaban "querer" por otras tantas pandillas de chicos. Cosas de la adolescencia.
Los "60" estaban en todo su apogeo. Ya no había que esperar a la Pascua de Resurrección para organizar bailes y meriendas. Estábamos en plena adolescencia y había una vida que vivir. Como han hecho los jóvenes de siempre, nos dejamos llevar... ¡y fuimos a por ella!
RAFAEL FABREGAT
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