
- "En el Taller de Adolfito portarán una "Montesa Impala de 125" -decía uno.
- "Pues en el de Vicent el Llebro una "Bultaco Tralla de 150" -respondía otro.
- "Pues el meu pare te una "Guzzi" que va como un rayo" -decía yo.
Carcajada general de los presentes ante tamaño trasto de 65 cc, con cambio de marchas en el depósito y una velocidad máxima de 60 Km./h., en terreno llano.
Aunque el 90% no tenía ni siquiera bicicleta, el motor era todo un acontecimiento para la época. La gente se arremolinaba en las inmediaciones de los diferentes Talleres esperando ver la "joya" que había llegado unos días o unas horas antes. Hoy puedes comprarte un coche "Mercedes" y nadie te lo mirará, pero en los cincuenta y en los sesenta...

- El Roig pague els pessols a 3 ptas./kilo. -comentaba uno.
- Pero ¡qué dius! -respondía otro. Li acabe de portar dos sacs a Gafes y m'ha dit que a 2,75 y porque eren de primera calitat, que de nos ser aixina...
- Ya t'han pres el pel -decía un tercero.
- Cadascú paga lo que li va en gana, aixó no pot ser -se lamentaba otro.
Otros días era otra cosa, pero los corrillos no faltaban al mismo tiempo que "la petaca" pasaba de mano en mano. Dinero había poco pero los hombres, aunque estaba terminantemente prohibido por las autoridades competentes, sembraban dos docenas de plantas de tabaco en fincas apartadas del camino principal y pasaban el año liando su propio tabaco "churro", de olor insoportable. La cuestión era fumar, sin gastar o gastando solamente lo que valía el librito de papel. Y la tertulia seguía...
- Ahir vaig vendre les armeles "als Juliets" a 15 pts./kg. -comenta uno.
- Si son bones "Sanantoni" les pague a 17 Ptas/kg. -dice otro para fastidiar.
- Tindriem que fer una cooperativa -dice el listo de la tertulia.
Y, así todos los días.

Una máquina trilladora, movida con la polea de un tractor, se instalaba en el centro de dicho campo, con tres o cuatro empleados que se encargaban de "alimentar" a la máquina y de recoger los diferentes productos que ésta seleccionaba: trigo, paja y "pallús" (cascarillas y paja pequeña). El propietario recogía el trigo en sacos de su propiedad, la paja en "pacas" de unos 40/50 kg. que hacía la propia máquina y el "pallús" a granel, colocando unas lonas en el carro y convirtiendo a éste en una caja hermética en el fondo y los laterales.

Tal como se hace hoy, en esas salidas se contactaba con los amigos, te ponías al corriente de las novedades e intentabas ver a la chica que hacía aumentar los latidos de tu corazón. Si además podías hablar un ratito con ella, mejor todavía.
La cita era siempre en la "Plaça de la Font" puesto que las chicas, también con interés de ver a los chicos, solían brindar a sus madres la posibilidad de llevar un par de cántaros de agua a la casa, cosa que las madres agradecían notablemente, al no haber agua corriente.
El punto más habitual para citarse los chicos era el "Raconet del Frare" aunque cualquier otro punto de la plaza era igualmente válido.
A tal efecto, los dos talleres de la localidad (El Llebro y Adolfito) estaban situados, más o menos en ella y al atardecer era lugar de cita para los jóvenes y algún curioso de más edad, interesado en las novedades que las motos y motocultores representaban.

Las cosechas, siempre escasas por la falta de abonos, eran necesarias para mantener la economía familiar por lo que, este tipo de caprichos solo eran posibles realizando trabajos fuera del hogar que, en esas fechas, solo era posible traducir en el indicado trabajo de cortar maleza, con la que alimentar los hornos de cerámica que en aquellos tiempos funcionaban con este combustible.
La mayor parte de tocadiscos (pick-ups) y de motos, se compraron a cambio de ese duro trabajo.

La espléndida motocicleta bajaba del furgón y la juventud rodeaba la máquina y al afortunado comprador, preguntando especialmente la velocidad que alcanzaba.
- 90 kilómetros per hora -decía Adolfito orgulloso de la Montesa Impala.
- Calla, calla, ¡no digues barbaritats! -le increpaba alguno de los presentes.
- ¿Barbaritats?... ¡Y la Sport pase dels 100! -sentenciaba Adolfito.
- No pot ser. ¡A eixa velocitat la carretera pareixeríe una cinta i te n'eixiries a les reboltes! -respondía el "enterao" de siempre.

Adolfito luchaba por sus intereses respondiendo...
- Sí, sí... pero el motor de la Montesa gaste meins gasolina y es mes resistent.
- ¡On vas a parar! -le apoyaba algún amigo, o cliente que ya tenía una. Los jóvenes estábamos extasiados contemplando las motos y pendientes de la conversación de los mayores.

¡Nada menos que 22.500 Ptas, valía una moto de esa cilindrada! (135 euros).
¿Quién los tenía?. Nadie. Incluso quienes compraban pagaban a plazos.
Lo mejor de todo esto es que "el personal" pasaba un par de horas agradables tras el trabajo diario y todo ello sin gastar una sola peseta que, por otra parte, no teníamos.

Toni la perra, situado justo enfrente del taller de Adolfito, llamaba la atención de los viandantes de una forma menos sabrosa pero igualmente efectiva. Instalado en su bar un excelente tocadiscos que se había comprado en la tienda "JOVINO" de Castellón y con el volumen más alto que bajo, El Titi, Lola Flores, Juanito Valderrama y Antonio Amaya desgranaban sus melodías incitando a entrar y a tomar una cerveza en local tan pintoresco.
También el Bar de Roc tuvo que espabilarse y, asociándose con Laureano "el Cinero", instaló unos futbolines para llamar la atención de la juventud, que le entregaba su escaso dinero a cambio de unas partidas.
Cada uno, a su manera, iba capeando el "temporal" de la escasez como buenamente podía.
Lo importante es que entonces éramos jóvenes. Juventud, divino tesoro.
RAFAEL FABREGAT
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