21 de octubre de 2012

0824- EL CRISTO REDENTOR DE RÍO. (BRASIL)

La historia comienza cuando en 1.859 el sacerdote Pedro María Boss le pide a la princesa Isabel de Brasil 
financiación para la construcción de un monumento religioso en la ciudad de Río de Janeiro. La princesa no prestó demasiada atención a la propuesta y allí quedó aparcada la petición hasta que en 1.889 Brasil se convirtió en República y con la nueva legislación que separaba totalmente la Iglesia del estado, aquella idea fue radicalmente descartada. Sin embargo en 1.921, ya próxima la celebración del centenario de la Independencia de Brasil (1.822) la Arquidiócesis de Río de Janeiro puso nuevamente sobre la mesa la propuesta, esta vez más perfilada, de una gran estátua de Cristo sobre uno de los cerros de Río. 


Incluso antes de su aprobación ya devino la primea discusión sobre en cual de ellos (Pan de Azúcar o el Corcovado) debería estar situado, aunque prontamente se decidió que debería ser el Corcovado, por su mayor altura. En aquel lugar había entonces un mirador al que se accedía en teleférico. Se organizó una gran colecta que se denominó "Semana do Monumento" a fin de recaudar fondos para llevar a cabo la obra. 
Se recibieron varios diseños. Uno era una imagen de Cristo con un globo terráqueo en sus manos, otros eran Cristos crucificados...
Se optó por un Cristo Redentor, con los brazos abiertos al mundo. En las cuestiones técnicas, para desarrollar tan importante proyecto, ganó el ingeniero Heitor da Silva Costa que sería el Jefe de Obra y en el día del centenario (7 de Septiembre de 1.922) se puso la primera piedra con el beneplácito y financiación de todos los brasileños. Sin embargo las obras se iniciaron cuatro años después (1.926) y se prolongaron por espacio de cinco años. 


La obra, por su tamaño y ubicación, era muy complicada pero no imposible. A la vista está. Los medios no eran los actuales, pero el tesón de los brasileños lo hicieron posible. Inmensas piezas fueron subidas a la montaña e izadas a lo alto del monumento siendo poco a poco ensambladas. Cada día, la primera mirada diaria de los brasileños de Río era para aquel futuro Cristo que muchos dudaban pudiera construirse en tan extraordinario tamaño y sobre cumbre tan compleja. Sin embargo el monumento iba tomando forma día tras día. Grandes andamios iban permitiendo el montaje de las diferentes y enormes piezas que bajo la dirección del ingeniero Heitor da Silva iban fabricándose en los talleres o sobre el mismo terreno. Todo era grandioso y complejo. Frecuentes vientos hacían peligrar un andamio para el que apenas había base suficiente.


El tesón es la mayor virtud del ser humano y es éste el que ha propiciado que a lo largo de nuestra historia se hayan podido desarrollar monumentos e ideas poco antes impensables. El Cristo Redentor de Río es una de ellas y prueba de ello es que, desde el año 2.007, forma parte de la nueva lista de las "Siete maravillas del mundo moderno" y no en un lugar cualquiera, sino en el tercero de esa magnífica lista de monumentos ilustres que el mundo entero puede actualmente contemplar. Solo la ciudad jordana de Petra y la Gran Muralla China obtuvieron más votos. El diseño de este del Cristo Redentor corrió a cargo del artista brasileño Carlos Oswald, llevada a cabo por el francés Paul Landowski. Una combinación de ingeniería y diseño para conseguir una escultura que supera las 1.000 toneladas de hormigón armado.


Con el paso del tiempo, el Cristo Redentor fue creciendo. Los medios eran muy inferiores a los actuales, pero mucha la ilusión y el coraje de aquellas gentes. Hasta un tren cremallera fue utilizado en la subida de tan especiales materiales. Se considera un verdadero milagro que no hubiera ninguna víctima en su construcción. Fueron muchos los que dudaron que una obra de tales proporciones, en paraje tan complicado, pudiera llevarse a cabo sin accidentes pero nada paró a aquellos ilusionados brasileños para quienes todo esfuerzo era poco en la conclusión de tan magna obra. Para el perfecto acabado se eligió la llamada "piedra-jabón", un material aparentemente débil pero que no se deforma ni le afectan los cambios de temperatura.


Por fin, nueve años después de la colocación de la primera piedra la gigantesca obra estaba finalizada para orgullo y satisfacción general. El 12 de Octubre de 1.931 fue inaugurada la obra. El Cristo Redentor, de 38 metros de altura, se erigía orgulloso sobre el morro del Corcovado y sería a partir de entonces icono y emblema de la ciudad de Río y de todo Brasil. Con sus brazos abiertos al mundo, representa el amor, la esperanza y la vida del ser humano. En la lejanía ya se aprecia su grandiosidad, pero es a sus pies cuando el curioso turista queda atónito ante su belleza y dimensiones. La mayoría de los visitantes extranjeros dicen que es lo más maravilloso que han visto, no solo en Brasil, sino en el mundo entero.
La noche de 12 de Octubre del año 2.011 se celebraron de forma solemne los 80 años de su inauguración. Los organizadores rogaron a todos cuantos quisieran subir a la montaña, lo hicieran vestidos de blanco y portando linternas o velas. Comenzó el acto con la actuación de un coro de 500 voces que cantó el "Ave María". Tras las nuevas bendiciones eclesiásticas se repartió entre todos los presentes un pastel de 8 metros de altura y acabó la fiesta con un evento de música brasileña denominado "Show de la Paz".


Se supone que, tras el interesante ágape y la toma de unas "caipirinhas", 
Obispo y sacerdotes se retirarían a descansar y no se quedarían a la gran fiesta popular. Al día siguiente habían de madrugar pues había una importante misa que celebrar con asistencia de ilustres autoridades y otros invitados llegados de fuera. Sin duda no saben lo que se perdieron... 
La iluminación del Cristo es gris verdosa. Unos años atrás se intentó cambiarla por un tono azulado pero grandes lluvias impidieron su inauguración y tuvo que ser aplazada. La superstición hizo pensar que el Cristo no quería cambios y se quedó la iluminación anterior. En 2.003 fue inaugurado un sistema de escaleras mecánicas para facilitar el acceso de todas las gentes a la plataforma que ocupa el Cristo Redentor. En Río están esperando que todos vayamos a verlo. ¿A qué esperamos pues...?

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