25 de julio de 2026

3333/0185- NUESTRO CUERPO ES UN MUNDO.


Desgraciadamente no todos tenemos esos paisajes, pero haberlos haylos. Lo que si tenemos todos son fábricas de proteínas, hélices flotantes de ADN, células de todo tipo y un montón de cosas, casi todas horrorosas a la vista pero que, sin las cuales, la vida sería imposible. Y todas trabajando a pleno rendimiento, como si no hubiera un mañana. El ácido ribonucleico transportando información como el más eficaz de los mesajeros y leída de inmediato por el ribosoma, un pequeño orgánulo que va ensamblando la secuencia de aminoácidos para formar una nueva proteína. Los científicos nos cuentan que es difícil saberlo todo del Universo, pero conocer con exactitud el funcionamiento de nuestro cuerpo lo es mil veces más todavía. Está claro que, si no hay Dios, sin duda Diablo sí lo hay.


Más nos convendría a todos que, en lugar de perder el tiempo en el descubrimiento del Cosmos, se empleara todo ese saber en el conocimiento exacto de nuestro cuerpo. Dirán algunos que la composición y funcionamiento de nuestro cuerpo es conocida sobradamente desde hace muchos años, pero mucha gente muere "antes de tiempo" porque de muchos males no se conoce su funcionamiento y consiguiente cura de sus anomalías. Ahí es donde debería concentrarse el 100% de la sabiduría humana. Es cierto que sabemos muchas cosas. Una de ellas, que en el núcleo de cada célula humana, el ADN se organiza en 23 pares de cromosomas, herencia de nuestros antepasados y que forman los ladrillos básicos de la vida. También de biotecnología espacial pero todo eso, siendo mucho, no es suficiente. 


El genoma oscuro, 98% de nuestro ADN, es todavía un misterio sin resolver. Después de 13 años de estudios y consiguiente esfuerzo en secuenciar "el libro de la vida", con un gasto de 3.000 millones de dólares, en 2.003 se dijo que el trabajo había sido completado, pero no era así. Muchos creyeron que podían empezar a fabrificar proteínas nuevas y tratamientos para enfermedades crónicas, pero enseguida se dieron cuenta de su error. En nuestro cuerpo hay más de 200 células diferentes y cada una de ellas necesita sus propios genes para llevar a cabo sus funciones. El resultado que se pensaba útil para solucionar el problema global, solo servía para solucionar menos del 2% del problema. A partir de ese momento el 98% de nuestro ADN se conoció como "Genoma oscuro", una mezcolanza sin propósito concreto.


El Genoma Oscuro, parece ser la clave de todos nuestros problemas. En principio se le denominó "Genoma basura" pero pronto se dieron cuenta de que que el término no era en absoluto correcto puesto que, más bién al contrario, es un sistema biológico para regular la vida, así como el responsable de la evolución y el desarrollo de las enfermedades. Y aún así, en el supuesto de que en un futuro se llegase a conocer su funcionamiento, se llegaría a la misma conclusión y es que cada ser humano es todo un mundo, tan complejo, que nunca se podrá saber la totalidad de su intrigante funcionamiento. Herencia sin duda de los millones de años de evolución, intento de ir manteniendo la vida, a pesar de todos los avatares que el cuerpo humano habrá tenido que resistir para mantenerse vivo.


Todos los cerebros mejor dotados del planeta están trabajando día tras día en descubrir nuevos datos que arrojen luz sobre tanta oscuridad, pero está claro que el objetivo es tan complejo que contínuamente escapa a la comprensión humana. Y mientras tanto todas las bacterias atacando nuestro cuerpo a diario para eliminarnos del planeta, una lucha que es posible que puedan llegar a ganar. Sin embargo la especie humana es tozuda y se mantiene alerta, inventando nuevas fórmulas para activar respuestas inmunológicas y ganarles poco a poco la partida. Ellas, como todas las plagas del planeta, nunca mueren del todo y también se hacen más fuertes cada día. Lo cierto es que los humanos tenemos máquinas y tratamientos cada día más sofisticados, pero las células cancerígenas se atrincheran; se dividen y multiplican de manera incontrolada, ganando siempre la última batalla.

Rafael Fabregat Condill

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