24 de julio de 2026

3333/0184- UN PEZ LLAMADO JOSÉ.


Son varias las estátuas que se han dedicado a este hombre excepcional, nacido en Brasil en 1927 y fallecido en 2012. Ya no está en este mundo pero fue parte del folklore brasileño por su capacidad en trabajos inusuales ya que, con la sola ayuda de sus brazos, ejercía de práctico en el puerto de su ciudad. ¿Extraño?. Pues sí. Esta persona singular ayudaba a los barcos, grandes y pequeños, a atracar en el puerto de Aracaju (Brasil) o a sacarlos del mismo hasta alta mar. Finalizado su trabajo regresaba a puerto nadando, tal como había llevado a cabo su salida. En caso de haber salido a bordo del barco en cuestión, una vez el barco en alta mar, se lanzaba al agua y regresaba a puerto nadando, travesiía que podía durar unas dos horas o más, según el viento y las corrientes. Ejerció este trabajo durante más de 50 años.


Le llamaban cariñosamente "Ze peixe", el hombre pez y nadaba cada día una media no inferior a los 10 Km. Recibió numerosos premios y distinciones por su trabajo y se le recuerda como la persona más notable de esta localidad brasileña. Lo peculiar era que no necesitaba embarcación alguna para hacer su trabajo que, normalmente, en todo el mundo se lleva a cabo con una lancha motora. A los 11 años José ya era un gran nadador, puesto que se había criado a la orilla del río Sergipe, junto al mismo puerto. La desembocadura del río Sergipe es una de las peores entradas portuarias del país, pero él era un experto en salvar las diferentes profundidades del lecho del río ya que, desde niño, mientras sus amiguitos iban en lancha hasta la playa, él ya acudía nadando por el río hasta allí. 


En el supuesto de que acompañara a un barco en su salida y a bordo, se lanzaba al agua a los 10 Km. del puerto y resgresaba nadando hasta la playa, para después caminar otros 10 Km. para llegar hasta la sede de la Autoridad Portuaria. 
Si el barco era de llegada cogía una tabla y se internaba en el mar para esperarlo a esa misma distancia del puerto, hasta que la marea fuera la adecuada para la entrada a puerto. José Martins era un hombre frágil e introvertido, de 1,60 m. de altura y 53 Kg. de peso.
Comía poco y nunca se bañaba con agua dulce, pero iba siempre con el cabello y la barba bien cortados. Comía un trozo de pan y café por la mañana y fruta durante el resto del día. No fumaba ni tomaba alcohol. Se acostaba a las 8 de la tarde y se levantaba a las 6 de la mañana. Fuera a pié o en bicicleta, siempre iba descalzo, salvo cuando iba a misa. Siempre vivió en la casa donde nació.
En 2009, con 82 años de edad y tras más de 50 años de servicio, ya enfermo, solicitó su retiro definitivo. Murió un año después. Estar jubilado no era vida para él...

Rafael Fabregat Condill

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