8 de julio de 2026

3333/0167- COCHES CONTRA VECINOS.


Es lo que pasa. El tráfico de las ciudades descompone los núcleos urbanos y el automóvil ha modificado su fisonomía. Ha cambiado la forma de trabajar, la familia y las relaciones entre ciudadanos. Y lo que es peor: ¡Hemos salido perdiendo!. A más coches, menos amigos. Unas décadas atrás la gente iba a todas partes a pie, pero en la actualidad la gente camina poco, puesto que va a todas partes en coche y la relación con los demás es escasa o nula. Algunas ciudades han tenido que restringir el tráfico a fin de evitar los atascos. El resultado es que dos tipos de ciudadanos están enfrentados en busca de la libertad: El conductor y el peatón. Porque, después de la salud, la libertad es lo mejor que hay, pero sin molestar a tu vecino y eso no siempre es posible.


Con poco más de 3.000 habitantes, nuestro pueblo ya tiene problemas con el tráfico, mejor dicho con el aparcamiento, y los tiene porque se priman intereses particulares. ¿Cómo puede ser esto?. Pues, muy fácil. Lo que sucede es que la clase política son fuerzas muy parejas y un simple voto puede hacer que manden unos u otros, motivo por el cual, se mira con lupa a quién se debe apoyar. A tal efecto se cierran calles y se desvía el tráfico para favorecer a sus votantes, de la misma manera que se destinan fondos para arreglar unas calles en detrimento de otras. El porque de esas medidas es justamente el interés particular de quienes mandan, como siempre ha pasado y como seguirá pasando, mande quien mande. No hay límite de gasto en unas zonas mientras en otras se sigue levantando polvo pues están sin asfaltar y además a oscuras, pues no hay alumbrado público. En otras, coches en la acera mientras que, para poder pasar, los peatones tienen que ir por el asfalto.


Esa es la justicia que se imparte en algunos pueblos. El por qué, es que nadie quiere molestar a quienes el día de mañana puedan darte su voto. Eternizarse en el poder es el caramelo de todos aquellos que no tienen otro objetivo que seguir mandando. Solo cuando estiman que el que pide un favor es enemigo político, pasan olímpicamente de palabras y razonamientos. Es el mundo y el momento que nos ha tocado vivir. No hay casa sin coche, en muchas con dos vehículos e incluso algunas de tres. Cuando no había tantos, en verano y antes o después de la cena, los vecinos salían a la calle a tomar el fresco y charlar de sus cosas, que eran las mismas para todos. Pero eso está casi finiquitado, incluso en los pueblos. Ya pocos vecinos, todos mayores, siguen esa práctica y cuando ellos "se marchen" nadie continuará. Eso sin contar que los muchos coches se lo impedirán.


Todos los pueblos y ciudades reflejan su historia política y económica. En las zonas donde la actividad industrial está más o menos próxima, el crecimiento es más probable puesto que no faltan puestos de trabajo pero, dependiendo de quien mande y de sus intereses, el casco urbano va en una dirección o en otra. Ya no digamos si al interés político se suma el eclesiástico. Los jóvenes que no han conocido la "oscuridad", pensarán seguramente que nada tiene que ver una cosa con la otra pero, no hace tanto, la unión de ambas fuerzas era "el no vas más" de la ruleta de la vida, al que se sumaban los "lameculos", adjetivo o insulto coloquial que define a las personas serviles y aduladoras de la autoridad, a fin de conseguir beneficios personales y un estatus del que carecen por si mismos.


Tener propiedades junto a quienes mandan, siempre es algo interesante y positivo. Lo peor que te puede pasar es que te quedes como estás pero, sin gasto especial alguno, tienes muchos números de esa Lotería que puede tocarte. Los terrenos extramuros siempre valdrán un dinero, para los vivos y para los muertos, motivo por el cual hasta incluso estando tu finca junto a un cementerio, puede tocarte el premio de una ampliación del casco urbano, o la creación de un parking, que tampoco es moco de pavo. Cada día hay más gente y más coches, así que también los cementerios se quedarán pequeños y harán falta accesos y lugar donde aparcar el coche de los vivos, que serán los menos, pero los más importantes. ¡Los que mandan!, claro, porque los que obedecen... ¡Bah!, ¡esos ni pinchan ni cortan!.

Rafael Fabregat Condill

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