13 de julio de 2026

3333/0172- LA MARCHA ROJA DE ISLA NAVIDAD.


A la fuerza, debo imaginar que estos cangrejos no son comestibles, de lo contrario no estarían ahí. Me informo al respecto y efectivamente resulta que, por su alimentación omnívora, la escasa carne que tienen es de sabor amargo y muy desagradable, además de una cantidad muy elevada de ácido úrico. Por si esto fuera poco, las autoridades australianas los tienen protegidos, de tal manera que está terminantemente prohibido capturarlos e incluso molestarlos y está sancionado por Ley.  ¡Estaba claro!. Las cosas que abundan siempre son de escaso interés para los humanos o están prohibidas. Su masiva emigración tiene como objetivo el depositar sus huevos en el océano, ya que su hábitat es en los bosques húmedos del interior de la isla. Sin embargo las crías necesitan el agua marina para vivir las primeras semanas de su vida y hacerse fuertes.


En Isla Navidad el cangrejo rojo está tan protegido que incluso se le han construido puentes para que pueda cruzar la autopista, mientras que el azul mucho más sabroso y nutritivo, no goza de protección alguna y muchos de ellos perecen entre el asfalto, el abandono y la caza. Entre los meses de Julio y Septiembre el fenómeno natural de la migración del cangrejo rojo se pone en marcha y muchas actividades de la isla tienen que paralizarse. Nada puede impedir que este animalito lleve a cabo su proceso de procreación. Porque habitantes solo hay 1.500, en toda la isla, pero cangrejos hay 150 millones, aunque sin voto. Menos mal ya que, de lo contrario el gobernador sería un cangrejo. Sin embargo a pesar del cuidado de los habitantes, muchos no pueden llegar al mar, puesto que son demasiados los impedimentos.


Las denuncias son tan elevadas que la propia policía y los habitantes que tengan que pasar por las carreteras utilizadas por estos animalitos han de instalar una especie de zapatos frente a las ruedas del vehículo para evitar aplastarlos. Son una especie de mopas de goma que "barren" a todos aquellos que se ponen frente a las ruedas, a fin de apartarlos. Y por supuesto a una velocidad no superior a los 5 Km./hora. Es una ingeniosa solución cuando hay que atravesar la marcha de los cangrejos rojos, ya que pisar uno solo de ellos, si te ven, supondría una sanción del equivalente a 200 euros. Y es que ellos no tienen miramiento alguno y, al igual que sucede en España con las ganaderías en transhumancia, los animales siempre tienen preferencia de paso, bien sea a través de bosques o carreteras y ciudades.


Los cangrejos se aparean junto al mar porque las hembras deben pasar posteriormente 15 días cargadas con los huevos, hasta que maduran, antes de liberarlos en el agua oceánica. Su aislamiento ha hecho de esta isla un lugar único  y la migración del cangrejo rojo representa un gran negocio turístico del que viven muchos de sus habitantes, motivo por el cual su llegada a zonas habitadas significa una tolerancia de tal magnitud que estos animalitos se meten hasta incluso en las casas, buscando refugio puesto que el sol no es de su agrado. Por este motivo, al atravesar las ciudades, cualquier sumidero o el interior de casas y jardines es conquistado por ellos. No todos los aceptan con tanto agrado pero, los que no lo hacen, tienen que sufrirlo para no enemistarse con los demás vecinos o afrontar una multa. Llegados a la playa los machos se bañan en el mar antes de aparearse.


Al parecer, Isla Navidad tiene las condiciones perfectas para la vida de estos cangrejos. Y no solo los "rojos", protagonistas de este artículo, sino también de otras muchas especies que nada tienen que ver con los rojos. De hecho hay 14 especies terrestres diferentes y alguna de ellas de tamaño gigante, como el cangrejo del cocotero (Birgus Latro), que llega a pesar más de 5 Kh. y de tal envergadura y potencia que es capaz de romper la dura cáscara de este fruto para alimentarse de su pulpa interior. Es el antrópodo más pesado del mundo, supera el metro de longitud corporal y con sus poderosas pinzas levanta cargas de hasta 28 Kg. Esta especie de cangreso sí que es comestible y muy apreciada, con un sabor parecido a la langosta pero con un regusto a coco. ¡Buen provecho!.

Rafael Fabregat Condill

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