Yo... ¿Qué quieren que les diga?. Todo esto, que a mi me parecen herramientas de fontanero, para desatascar inodoros y tuberías, ¿sustituye con ventaja lo que a cualquier varón le cuelga entre las piernas?. ¡Por favor!. ¿A donde hemos llegado?. Pues bien, parece que sí. ¡No me lo puedo creer!. Y como no me lo podía creer, he hecho una encuesta entre mujeres casadas de 40 años y ha resultado que 7 de cada 10 tienen más de uno en el cajón de su mesita de noche. ¡Yo alucino en colores!. Que esto lo hagan mujeres que viven solas o que tengan marido que ya no funciona y no quieren relación con nadie más... ¡Vale!. Pero casadas de 40 años, con un marido joven y activo... ¡Apaga y vámonos!. Pero sí, si, esas son justamente las mejores clientes de tales aparetejos. ¡Por internet, claro, para que no digan...!
Naturalmente, en los años 80 vi varias tiendas de Sex Shop, pero cerraron un par de años después y yo pensé que tales productos habían fracasado. Desde entonces ya no he visto abrir negocios nuevos con esta actividad. Será porque me he hecho viejo y no me fijo en esas cosas. Lo cierto es que sí conocía cierta actividad de venta on line pero nada mas. Sin embargo acabo de constatar que, en este momento, estos artículos se venden más que nunca. Si vives en un pueblo o una pequeña ciudad de provincias, donde todos se conocen, la gente se frena un poco a la hora de entrar en una tienda de este tipo, pero lo más duro es cruzar la puerta. Una vez dentro, no deja de ser una tienda cualquiera, incluso con vendedoras que te aclararán cualquier duda que tengas.
A los tímidos, la fachada del establecimiento no nos ayuda mucho. Más bien, antes de entrar, miramos a derecha e izquierda por ver si algún conocido nos ha reconocido. Más bien parece una casa de prostitución. Luz tenue y letras coloristas y chillonas que avergüenzan a muchas mujeres que buscan soluciones a sus anhelos. Todas temen que alguien conocido pueda pensar ¿qué hace fulanito/a en la tienda de morbosos?. Pero no amigos, no. Resulta que en esas tienas entra cualquiera. Se ha perdido la vergüenza al respecto y, al menos en las grandes capitales, el negocio funciona perfectamente ayudado, eso sí, por las ventas on line. Y es que las medidas de lo que allí se vende es desconcertante, porque... ¿Qué tengo yo en casa?. -se preguntan ellas-. Pues bien, querida. En tu casa tienes la normalidad.
Porque en esas tiendas nada de lo que venden es normal. ¿Para qué?. Lo normal ya lo tienen todas en casa, una vez comprar tiene que se algo diferente y apetitoso de probar. Todas las posibilidades anatómicas son grandes, especiales e infinitas. Una señorita se acerca y te pregunta, ¿20 centímetros?. Sí, sí, y si quiere más también los tenemos. Si es la primera vez que vas a la tienda tu alucinas y cuando te explican todo lo que dicho artículo puede hacer, te lo llevas sin preguntar lo que vale. ¡Esto es un regalo! -dices para tus adentros-. Los hombres, más pudorosos, cogemos algo más sencillo y sin extras, para que la mujer no se altere demasiado. Con una u otra cosa en la bolsa, hombre o mujer, sales de allí lo más discretamente posible, mirando hacia todos los lados. ¡Ya está!, y repiras aliviado.
LLegado el momento, ya en la cama, la mujer saca la cajita-regalo de la mesilla de noche y de repente todo son dudas. De ser un persona intrépida pasas a verte como una virgen del románico más exacerbante. No sabes qué decir y mucho menos qué hacer...
Pero eso pasa pronto, pues la compra ha sido de común acuerdo y tu marido toma la iniciativa. Pronto empiezan las risas y la primera prueba. Ella reacciona con un miedo infantil, negándose incluso a tocar semejante artilugio pero él, acostumbrado a manejar taladradoras y todo tipo de mandos a distancia, pulsa el interruptor y el aparato funciona. ¿Cual es el veredicto?. Bueno, bueno, bueno...
No esperéis el relato de una experiencia orgásmica enloquecedora. No, no me permiten contarlo, pero fue divertido y diferente. Los aparatitos, funcionar, funcionan, pero mejor para parejas gais o lesbianas, etc. Que ningún hombre tenga miedo a ser detronado por un pene sin cuerpo. Tienen colores ridículos, hacen demasiado ruido y tienen un olor a lo que son: Goma, silicona y plástico...
¡Ufff, mejor un cachas de 25 años, de carne y hueso!. (Dicen ellas).
Rafael Fabregat Condill
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