Buceadores hay muchos, pero que superen los 200 metros de distancia horizontal, sin respirar, son muy pocos. Y es que hay gente para todo. ¿Qué necesidad hay para exponerse a tales peligros?. El de la foto es Stig Severennsen, de 53 años de edad y apneísta danés, cuatro veces campeón mundial de apnea y que ostenta otros muchos récord Guinnes de otras diferentes marcas del buceo sin oxígeno. Hay muchos más con similares poderes y características, pero no tantos. En la foto de la derecha tenemos a Herbert Nitsch, austriaco y que ostenta el récord mundial de profundidad sin oxígeno con 214 metros. Puede detener el ritmo cardíaco, dosificar el flujo sanguíneo y sobrevivir sin apenas oxígeno en sangre.
Son los hombres que más presión aguantan bajo el agua y sin respirar, un tesoro para los científicos que estudian la permanencia humana en el espacio.
La apnea no es un deporte cualquiera, sino una disciplina peligrosa en un elemento, el agua, hostil al hombre por muchos motivos.
Como todos sabemos consiste en sumergirse en el agua a la mayor profundidad posible y sin bombonas de oxígeno ni trajes especiales, desafiando la presión y la falta de aire. Dos cuestiones, contrarias a la especie humana, que pueden acarrear la muerte. De hecho hay aparatos para medir la cantidad de CO2 en sangre que se alcanzan durante un ejercicio físico y las cifras que alcanzan estos hombres extraordinarios producirían la muerte inmediata de un deportista normal.
La fórmula para conseguir estos records es un entrenamiento diario durante años y una salud y capacidades físicas extraordinarias. Cualquier buceador normal empieza a temer un colapso mortal una vez alcanzados los 10 metros de profundidad y estas personas de las que estamos hablando, se exponen a profundidades de 200 metros o más y, aunque saben el riesgo que corren, lo llevan a cabo sin mayores problemas. Sin embargo el peligro está presente y ese es el motivo de que nunca entrenen solos. Por debajo de los 25 metros, la presión hace que los pulmones se reduzcan, puesto que el aire se halla comprimido.
De hecho los fisiólogos creían que era imposible que un hombre pudiera descender por debajo de esa profundidad. Actualmente con la ayuda de pesos de plomo para la bajada y globos de aire para el ascenso, se consiguen velocidades que permiten profundidades mucho mayores. De todas formas el récord de apnea estática en piscina (foto anterior) ya está en 29 minutos. Claro que en esa prueba se trata simplemente de no respirar, ya que en ella no está presente el factor provocado por la presión del agua y tampoco el estrés que supone la subida.
Aún así... ¡Increíble!.
Rafael Fabregat Condill
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