Hasta bien entrado el siglo XIX (1821) el mundo no sabía que el país de las pirámides no era Egipto, que también las tiene y grandes, pero hay otro país (Sudán) que tiene más del doble. Solo en su capital (Napata) llegó a haber 84 pirámides. Y es que hace más de 3000 años, a lo largo del Nilo floreció otra cultura paralela a la egipcia y que fué llamada "El imperio de los faraones negros", instalada en el Desierto Nubio, (entre la segunda y sexta catarata) hoy Sudán. Perdidos en el olvido estos monumentos fueron arruinándose y en la actualidad solo queda un puñado de ellos, que han sido reconstruídos gracias a las ayudas internacionales y a la informática. Eran "Los husitas", una civilización que se instaló en torno a las montañas, y que cubrió de oro su capital, escribiendo en ella los nombres de sus faraones.
Esta civilización adoraba al diós Amón-Ra, un carnero que sobre su cabeza albergaba a la cobra sagrada y al disco solar. El inmenso templo destinado a su adoración estaba situado a los piés de la montaña sagrada (Gebel Barkal). Seis carneros de piedra, que todavía existen pero muy deteriorados, bordeaban el paseo de honor, hoy desaparecido, que conducía al templo. En la foto de la derecha vemos a uno de ellos y único que estaba en mejor estado.
Fué adquirido por el Museo Egipcio de Berlín, donde fue restaurado. Le construyeron los desaparecidos cuernos de oro y el disco solar, además de recolocarlo en su lugar, sustituyendo al más deteriorado. La informática y la árdua tarea de los arqueólogos ha podido recomponer el paisaje de aquella metrópolis de más de 2000 años llamada Meroe, última capital del Reino Kush. En otras capitales anteriores, las pirámides estaban enlucidas con cal de vivos colores, pero sobre las de Gebel Barkal no hay informes precisos de que tuvieran esa ornamentación.
Normalmente, las pirámides nubias tenían una capilla funeraria, que servía también de acceso a la tumba, pero muchas de ellas se han derrumbado, aunque las arenas del desierto han preservado su cimentación. Aunque parte de sus piedras han desaparecido, aprovechadas quizás en construcciones próximas, la fotografía digital las ha copiado de las que están en las pirámides para completar el aspecto primitivo. Especialistas españoles de la Fundación Arqueológica Clos han realizado largos periodos de excavaciones en este lugar de Gebel Barkal descubriendo varias tumbas reales, como la del rey Semesu Uhemu, en la que había jeroglíficos de dioses con cabeza de halcón. Su lenguaje todavía no ha sido descifrado, puesto que era diferente al de los egipcios. El lenguaje meroita se lee al revés y no tiene el mismo significado.
En un momento de fuerte crisis interna, Egipto se dividió en pequeños reinos, lo que aprovecharon los Kusitas para marchar hacia el norte, pero no para destruir el imperio egipcio, sino para restaurar el orden divino tradicional. Naturalmente no puede hacerse una cosa sin la otra, por lo que el rey militar Piankhi derrocó a los gobernantes locales del delta del Nilo y fundó la dinastía de "Los faraones negros". Consolidando el control en Menfis y destacando por copiar sus textos sagrados en piedra para asegurar su preservación, construyendo en el actual Sudán el doble de las pirámides que había en Egipto, aunque éstas eran más pequeñas y apuntadas que las egipcias.
El reinado y gobernación de Egipto por parte de los "faraones negros" o Kushitas, coincidió con la Dinastía XXV, aproximadamente entre los años 747 y 656 a.C. pero, como se ha dicho anteriormente, a pesar de ser de una etnia distinta, nunca fueron considarados invasores al unirse el Alto y el Bajo Egipto, gracias a ellos. Buscaron siempre la unión de ambos pueblos y no la imposición de sus creencias, adoptando muchas cosas de la cultura egipcia y también mostrando las suyas. Esta dinastía fue clave para la historia egipcia, marcando un periodo de transición y unificación y dejando, con su paso por Egipto, un legado cultural y político muy importante. Finalmente, a mediados del siglo VII a.C., el faraón asirio Asurbanipal, ya con armamento de hierro, tras una serie de invasiones, empujó a los "faraones negros" de regreso a sus tierras de origen, marcando el final de su dominio en tierras egipcias.
Rafael Fabregat Condill
No hay comentarios:
Publicar un comentario