Les presento a la Galaxia Andrómeda, no por ser la más grande o hermosa, sino por ser nuestra vecina más próxima, a tan solo 2,5 millones de años/luz. Según los científicos, ambas galaxias se atraen debido a la gravedad y está previsto que en un futuro no tan lejano ambas cochen entre sí, lo cual no sería seguramente un choque, sino la fusión de ambas en una sola. La velocidad de acercamiento es de 402.000 Km. por hora, lo que nos indica que esa conexión se producirá dentro de unos 4.000 millones de años. Teniendo en cuenta que la vida en la Tierra se extinguirá definitivamente en unos 2.000/3000 millones de años, quiere decirse que ningún ser vivo del Sistema Solar podrá ver esta interesante, o catastrófica, fusión. Esto no sucederá de forma dramática, sino tan poco a poco que nadie lo notaría.
De todas formas son muchos los factores que pueden adelantar o retrasar este fenómeno ya que todo dependerá de las modificaciones que los humanos implanten en el planeta. ¿Tan importantes somos?. No lo creo, pero puede llegar un día en el que la actividad industrial sea mucho menor y con ese cambio dejar que la atmósfera permita la absorción del calor solar. La clave está en la variación de la presión atmosférica del planeta. La tendencia parece ser que cada vez sea menor, con lo cual iría disminuyendo la presión de la atmósfera, al tiempo que disminuiría el calor del Sol. De todas formas, por mucho que hagamos por alargar nuestra vida en la Tierra, jamás podemos llegar a los 4.000 millones de años, coincidiendo con nuestra fusión con Andrómeda. Por otra parte estamos hablando de conjeturas científicas, que continuamente son corregidas.
Según estas estimaciones, dentro de 1.000 millones de años, la Tierra será un mundo estéril y desértico. El Sol brillará un 10% más, provocando la evaporación de los océanos, se detendrá la formación de carbono y los niveles de oxígeno caerán en picado, extinguiendo la mayor parte de vida en el planeta debido a la alta radiación solar. La única vida posible lo será en zonas muy elevadas o en refugios subterráneos. La única solución, aunque solamente para los privilegiados de siempre es que, para entonces, la civilización humana haya progresado tecnológicamente tanto, que permita el abandono del planeta e incluso del Sistema Solar, a fin de escapar de este desastre natural e instalarse en otros lejanos planetas que vayan mucho más atrasados en el ciclo de la vida.
Esto sucede en todo el Universo desde el principio de los tiempos y solo la capacidad tecnológica de sus moradores puede lograr el escape de las civilizaciones a otros mundos con mejores condiciones de vida, aunque el final siempre será el mismo en todas partes. La muerte y el nacimiento de nuevas estrellas y galaxias ya está presente en los conocimientos de nuestros científicos actuales. A través de sus potentes telescopios y de otros modelos de visión por infrarrojos, saben que la vida nunca es infinita y solo el salto de unos planetas a otros y en estrellas diferentes, es posible perpetuar nuestra especie. Pero el saber y los materiales necesarios para construir naves interestelares es algo que tarda miles de años en alcanzarse y no sabemos si llegarán tan lejos como les deseamos...
A la derecha tenemos la Tierra hoy y a la izquierda lo que habrá en 4.000 millones de años. Sabemos que las estrellas tienen siempre un final catastrófico, por lo que resulta fácil pensar que posiblemente suceda lo mismo con las galaxias, que van cambiando con el tiempo. Quizás sea una suerte que nuestra esperanza de vida sea tan corta, que nos impida llegar a ver el final de los días de nuestro planeta. Tal como se ha dicho antes, lo más lógico y natural será que nadie lo vea. Estas catástrofes suceden de forma tan lenta que sin duda no podrá verla nadie. Las condiciones de vida se debilitarán progresivamente, la gente vivirá menos tiempo y se reproducirán con más dificultad hasta el punto de que todos acabarán muriendo. Así, a cámara lenta, sin gritos ni aspavientos, durmiéndose todos en el sueño de los justos. Lo cual no quiere decir que "otros" quizás consigan escapar, al menos, de momento...
Rafael Fabregat Condill

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