¿Te has parado, alguna vez, a pensar cuantos amigos tienes?. Naturalmente me refiero a amigos de verdad, sin interés de ningún tipo. Aquellos que te acompañan en dias de fiesta y jolgorio, no valen. Esos son compañeros. Los amigos de verdad son aquellos que están a tu lado en un momento difícil, de desgracia física o psíquica. Aquellos que en caso de un rumor. infundado o no, en lugar de sumarse al complot, te defienden porque saben que tú eres incapaz de hacer lo que de ti se dice. ¿Tienes amigos de esos?. Porque lo demás, señor mío, no son amigos. Los mejores que te vendrán a la memoria son, como mucho, compañeros de viaje en el barco de la vida, pero no amigos de verdad. Deja que actúe tu propio instinto y piensa cuantos amigos tienes... ¿Uno, dos, ninguno?.
Amigos que te ningunean, que no sienten tus problemas, que te hacen sentir mal, que no te escuchan cuando hablas, que te critican cuando no estás delante, que cuchichean a tus espaldas, que se burlan de tí... ¿Es a esos a los que tu llamas amigos?. Pues creo que estás equivocado/a, tienes al enemigo en casa. Demasiadas veces cualquier vecino resulta ser mejor amigo que aquellos a los que tu consideras tus amigos. ¿O no es así?. Cuando ves que todo tu mundo se derrumba a tu paso, es cuando compruebas quienes son tus verdaderos amigos. Porque los verdaderos amigos, que se suponen conocedores de tus instintos y de tu forma de ser, en lugar de sumarse a la crítica, salen en tu defensa. Porque quien ha jugado contigo desde la niñez, e incluso en la pubertad, es quien mejor te conoce y, ante una crítica, saben si puede ser verdad, o si detrás hay intereses ocultos.
En los buenos tiempos todos tenemos muchos amigos, pero en la adversidad es cuando sabes los que te quedan. ¿Uno, dos, ninguno?. Con la desgracia, poco a poco, o de sopetón, todos se alejan de tí. Algunos, incluso se van de copas con tus enemigos más acérrimos. No se plantean nunca elegir entre unos y otros, sino que simplemente parecen ignorar la situación. Como si eso fuera posible... Posible es, claro que sí, porque viven la llamada "lealtad dividida". Lo que no se puede entender es qué pensamientos entran en su cabeza cuando apagan la luz de su alcoba, porque se supone que ellos también tendrán conciencia. Estar en los dos bandos tiene que ser complicado o, al menos, para mí sí lo sería. En los malos momentos nadie quiere entrometerse, en eso estoy de acuerdo, pero eso de "no sabría qué decir" no vale y menos aún salir de copas con quien ha buscado tu ruína.
Los buenos amigos, esos tan escasos que van a tu casa y te consuelan en tu dolor, porque saben que eres incapaz de hacer lo que dicen que has hecho y mantienen esa relación que han tenido contigo durante años y años. Están ahí, para lo que haga falta y especialmente para defenderte o, como mínimo para dudar. Es curioso que amigos de toda tu vida te dejen en la estacada y otros, que nunca jugaron contigo, se preocupen por tu desgracia. Quedas triste y decepcionado con los primeros y juras amistad de por vida a los segundos. Es lo que toca, porque fallos los tenemos todos a lo largo de la vida, pero no es lo que se dice. Al menos te queda la satisfacción de que ha habido otras personas a las que no tenías por "amigos íntimos" que te han respondido como si lo fueran. Es posible que exista la posibilidad de que tu relación con los antiguos amigos se retome, pero ya no será como antes, puesto que ahora ya sabes a qué atenerte.
Rafael Fabregat Condill
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