
Don Tancredo, como ya lo llaman propios y extraños, viste de visionario las ropas que solo son el disfraz de su ineptitud. Cuando uno calla, los ignorantes tienden a pensar que eres inteligente pero en muchos casos ese silencio esconde inseguridad y desconfianza. Ningún agricultor espera a que la fruta caiga, para ir a recogerla. No es ese su mejor punto de sazón. Tampoco debe cogerse verde, por lo que cada cosa hay que hacerla en el punto óptimo de madurez, siempre anterior al de su caída y desperdicio. Somos muchos los que creemos, desde el primer momento, que la sangre no llegará al río. Que la independencia de una región no es algo fácil de conseguir y menos aún en el momento actual que atraviesa el mundo, pero la espantada de las empresas y bancos catalanes no augura nada bueno.
¿Qué saben ellos, que Rajoy no quiere contarnos?. Pues bien, a pesar de todo ello, yo sigo pensando que la declaración de independencia no llegará a producirse o, por lo menos, no llegará a implantarse. Esta tranquilidad no me la da Rajoy, a quien solo le debemos miedo e incertidumbre, sino las grandes dificultades que conlleva su implantación. Hacienda, mercados, fronteras, aranceles, moneda, ejército, pensiones... Así y todo, la batalla no está ganada, entre otras cosas porque el cobarde gobierno que tenemos no la ha presentado. Es más, su decreto de facilitar la salida de empresas de Cataluña, no es nada tranquilizador. Nada es como dijeron y los golpistas tomaron mayor fuerza cada día. La única esperanza de los españoles es que en el momento actual crear un nuevo país (y especialmente cuando es ilegal) no es algo que pueda hacerse de hoy para mañana. El malestar que ha llevado a Cataluña estas pretensiones independentistas, es fruto y consecuencia de la crisis y de los gobiernos débiles que han pasado por la Moncloa, pero eso ya no tiene remedio. Ahora toca esperar. En el caso de que tales pretensiones no se lleven a cabo de forma inmediata todo se calmará y hasta la próxima, pero no soltarán la presa sin arrancar un pedazo del pastel. Un nuevo capítulo soberanista catalán, uno más.
De todas maneras el hecho de que tales amenazas no llegaran a materializarse para nada viene a aumentar nuestra confianza y agradecimientos al Gobierno actual, presidido por el prepotente Mariano Rajoy, como tampoco ayuda la fe ciega de los dirigentes populares con su líder. El gobierno emana del pueblo y en un futuro éste le hará pagar sin duda el desprecio con el que nos está tratando en esta crisis independentista. Para poder trabajar, el pueblo necesita dormir por las noches y, por su culpa, los españoles llevan muchas jornadas sin poder hacerlo con la tranquilidad requerida. ¡Así no, señor Rajoy!. Se lo dijo el facineroso de Puigdemont, pero somos muchos los españoles que nos hemos quedado con esa frase. ¡Así no!. Con esas actitudes puede Ud. marcharse a su Galicia natal. ¡Son los que mejor pueden comprenderle...! Los españoles de a pie no sabemos hacia donde va, ni ya casi nos importa. Pero estamos con España, ¡y con el Rey!.
RAFAEL FABREGAT
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