La 'aloja' era una bebida refrescante, no tan gratificante como la también antigua 'agua cebada' que, como dice su nombre, se hacía con cebada, tostada o hervida, y azúcar o miel mezclados con agua fría.
El consumo de 'agua cebada' y más aún la 'aloja', está prácticamente desaparecido y sustituído por los modernos granizados de todos los sabores imaginables.
Ambas formaban parte de las 'aguas olorosas' de los siglos XVIII, XIX y primera mitad del XX, como precursoras de los actuales refrescos.
En España parece ser que todavía queda costumbre de prepararla al sur de la Comunidad Valenciana, pero ya en muy escasa cantidad.
En algunos países latinoamericanos, muy especialmente en Argentina, todavía tiene bastante aceptación.
Se trata de elaboraciones artesanales de bajo coste que se vendían muy frías en las calurosas tardes de verano.
La receta de la 'aloja' no tiene desperdicio... "Cinco algarrobas maduras partidas a trozos por cada litro de agua de río. Se puede añadir una cucharada de azúcar pero, aunque más dulce, desvirtúa mucho el sabor de la algarroba. Se coloca en una olla grande y en lugar oscuro durante cuatro días mínimo. A más días mayor fermentación y grado alcohólico, pero no deben sobrepasarse los 15 días. Alcanzada la graduación deseada se extraen las algarrobas y se guarda la bebida en lugar fresco..."
Ante la falta de medios de refrigeración se guardaba en cuevas para mantener su frescor y la clase alta podía refrescarla con hielo de nevero. Durante el Siglo de Oro fue una de las bebidas más populares.
Mariana de Austria, esposa de Felipe IV, gastaba 250 maravedís diarios para tenerla fresca y que no faltara en palacio en todo el verano.

RAFAEL FABREGAT
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