A primera hora de hoy, sin ni siquiera desayunar, hemos ido a votar. Sea cual sea la intención de voto de cada uno, hacerlo, nunca fue más necesario.
Los momentos son especialmente malos, muy malos y no es que alguien tenga la varita mágica para remediar un problema de tan difícil solución pero, al menos, cada cual necesita expresar más que nunca la forma en la que desea que el país continúe.
Realmente solo hay dos caminos, el de seguir por donde vamos actualmente o realizar cambios importantes que saquen el carro de las profundas rodaduras por las que actualmente circula.
Yo ya soy viejo y conozco de primera mano lo que era circular por los caminos rurales, con mulos y carros de ruedas de madera y rodadura metálica.

Lo realmente chocante es ver que a día de hoy, solo cuarenta años después, cuando millones de testigos de aquellos tiempos de miseria e incertidumbre todavía podemos dar fe de que el camino por el que estamos atravesando no es el más conveniente, jóvenes sin metas y algunos viejos para los que el trabajo y la constancia nunca fueron prioritarios, luchan con todas sus fuerzas para que esto no cambie. Ni a mí ni a nadie les extraña su comportamiento. Son gente sin preparación, sin fe en sí mismos o sin ganas de lucha, que se ve incapaz de lograr meta alguna que no sea la de, como si de un tren se tratara, continuar el camino inapelable que las vías les marcan.

Como digo, en estas especiales votaciones del día de hoy y por muchas opciones que haya, solo se eligen dos caminos. El que sabemos que no lleva a ninguna parte y el que puede darnos una solución, es decir: el de continuar como estamos, con un país incapaz de pagar sus deudas y al borde del rescate internacional, o intentar un cambio cuyo resultado nadie puede garantizar.
El cabeza de familia marca unas pautas a seguir y los que van por debajo obedecen o no no obedecen. Si lo hacen el carro va por el camino marcado por el cabeza de familia, que nadie sabe si será o no el mejor. Lo que sí sabemos todosa es que si los que tienen que obedecer no lo hacen, el carro se queda sin dirección y por lo tanto será todavía más difícil saber cual será su destino final.

Mi opinión, que nadie me ha pedido, es que entre el blanco y el negro está el gris. Ni tantos pescozones eran buenos, ni tanta permisividad llevará el barco a buen puerto. Sin embargo, volviendo al tema político del día de hoy, lo que todos tenemos claro es que vivir en dictadura no quiere nadie. Afortunadamente ya hace más de tres décadas que los españoles nos dimos la Democracia y las libertades que actualmente disfrutamos las gentes de bien. Si algo nos queda por aprender es que el dinero no llueve del cielo y que el que algo quiere algo le cuesta. Esa es la única lección que se le resiste a más de cuatro. Tener derecho a cosas realizadas con el esfuerzo de otros, no es lo que los españoles votamos al aprobar la Constitución. En todo caso tendremos derecho a que nadie pueda quitarnos aquello que nos corresponde por haberlo conseguido con el esfuerzo de nuestro trabajo y nuestro tesón.

- ¿Qué más? -dirán quienes lean esta entrada.
Pues nada más amigos. Los caminos de los pobres son cortos pero, si a base de trabajo podemos allanarlos en lo posible, mejor caminarán aquellos que nos siguen. Es la única meta que tenemos los pobres. Apartar piedras del camino, para facilitar el paso de aquellos hijos que confían en nuestra gestión. Sin embargo, por muchas piedras que apartes no se acaban nunca. El motivo es porque hay otras gentes dedicadas a ponerlas nuevamente en el camino y cuanto más gruesas mejor. ¿Se imagina alguien a donde podría llegar la humanidad, si todos trabajáramos en la misma dirección...?
RAFAEL FABREGAT
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