14 de diciembre de 2014

1598- LA GUERRA BIOLÓGICA.

El Descubrimiento de América y consiguiente llegada de los españoles al nuevo continente, fue de consecuencias brutales para los nativos. Todo estaba en contra de los indígenas y en pocos años, 9 de cada 10 indoamericanos murieron en una lucha inevitable y desigual. ¿Como se explica que Hernán Cortés y Pizarro, con menos de 200 soldados, derrotaran a los 80.000 feroces guerreros del ejército de Ata Wualpa?. La verdad es que la lucha fue desigual, pero a favor de los españoles. Bueno, en realidad apenas hubo lucha. La mayoría de ellos no murió en batalla alguna, ni siquiera por la esclavitud o el suicidio, sino por un ejército menudo e imparable. 


A las órdenes de Moctezuma II o de Atahualpa, tanto la soldadesca azteca como la inca tenían aterrorizados a sus vecinos por lo que, buscando una solución, el apoyo de éstos a los españoles no se hizo esperar. Los invasores supieron explotar la división de aquellas gentes con promesas jamás cumplidas y multiplicaron sus exiguos ejércitos hasta conseguir doblegar a las dinastías gobernantes. Por lo pronto, los españoles eran portadores de armas que aquellas gentes no habían visto jamás. La pólvora, las armas de acero y los caballos eran una novedad en aquellas tierras. Una novedad contra la que difícilmente podían enfrentarse.


Poco podían hacer los garrotes indígenas, contra las espadas y las lanzas de los españoles. Ya no digamos contra los arcabuces y los propios cañones. Nada que ver las corazas de paño contra las armaduras de acero, o los indios a pie contra los majestuosos jinetes a caballo. Aunque la batalla final no la ganaron los españoles, ni siquiera con tan "sofisticado" armamento, o el grandioso número de indígenas que los apoyaban. La batalla que decantó finalmente la balanza a favor de los españoles fue el numeroso ejército de virus y bacterias, de la que eran portadores los invasores. Los españoles y su ejército de nativos pronto se convirtieron en el más temible enemigo de mayas, aztecas o incas. 

Sin embargo los guerreros más feroces viajaban a la retaguardia de aquel ejército... Una nube de virus y bacterias avanzaba tras las tropas españolas: la gripe, el sarampión, la viruela, el tifus o la peste bubónica, sembraron la muerte entre los nativos. También contra los mismos indígenas que los apoyaban. Los indoamericanos estaban indefensos contra este ejército invisible. El desastre fue de dimensiones tan colosales, que no había tiempo para enterrar a tantos muertos. Sus propias chozas y el fuego sirvieron para darles sepultura y evitar una mayor propagación de aquellas enfermedades jamás conocidas en aquellas latitudes. 

Casi tres siglos después de aquellos acontecimientos, el capitán británico James Cook repitió esta misma maldición microbiana, al plantar la bandera británica en las tierras de Australia, Nueva Zelanda y Oceanía. Viéndoles blancos, los nativos pensaron que se trataba de muertos que regresaban del más allá para vengar actos sufridos. Se repitió la historia, las enfermedades acabaron con decenas de miles de vidas inocentes. Después llegó el robo de sus tierras y ganados, echándoles al desierto donde muchos murieron de hambre. Otros fueron sometidos como esclavos, siéndoles prohibidos dioses y creencias. Como en América, muchos perdieron la vida, víctimas de enfermedades para ellos desconocidas. Fueron sin duda las primeras guerras biológicas de la humanidad.

RAFAEL FABREGAT



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