15 de julio de 2014

1447- EL SAQUEO DE JERUSALÉN.

ROBOAM. Hijo y heredero de Salomón.
En el primer Libro de los Reyes, capítulo 14, versículos 25 y 26 se dice: "el año quinto del reinado de Roboam, rey que gobernó Judá desde el año 930 al 913 a.C., el faraón Shishak subió contra Jerusalén con 1.200 carros, 60.000 hombres a caballo y gran número de soldados a pie. Saqueó los tesoros de la casa de Yavé y los tesoros de la casa del rey". Roboam fue hijo y heredero de Salomón desde los 41 años de edad. Recibió por tanto los reinos unificados de Judá e Israel, aunque nunca fue querido por los israelitas. 


Faraón Sheshonq I.
Al negarse a rebajar los tributos implantados tiempo atrás por su padre (Salomón), los israelitas se sublevaron contra la Casa de Davíd y proclamaron a Jeroboam I como su único rey. Roboam tuvo que marchar precipitadamente a Judá, donde reinaría en adelante la Casa de David, exclusivamente con las tribus de Judá y Benjamín. Los enfrentamientos entre los reinos, ahora separados, fue aprovechado por sus enemigos vecinos. Concretamente por Sheshonq I, (la Biblia lo cita como Shishaq) primer faraón de la XXII dinastía de Egipto que, al estar las fuerzas salomónicas divididas, pudo conquistar Jerusalén y saquear todas sus riquezas. El profeta Semaías anticipó a Roboam y a los príncipes reunidos ante la amenaza egipcia: "Así ha dicho Jehová que de la misma manera que vosotros le habéis dejado, también Él os deja en las manos de Shishaq"Sheshonq I fue faraón de Egipto desde 945 a 924 a.C. aunque no tenía sangre real. Descendía de un libio bereber que controlaba las fuerzas armadas del reino. Eran tiempos convulsos y el bajo Egipto está dividido. 


Esfinge con el nombre grabado de Sheshonq. Museo de Louvre. (París) 
Asentado en el delta del Nilo, Sheshonq funda una nueva dinastía y se rodea de seguidores que reciben posesiones a cambio de su ayuda y fidelidad. Nuevos dioses se abren paso entre Amón y Sejmet. Sheshonq reconquista Palestina, se apodera de Gaza y saquea Jerusalén, ordenando que tal proeza quede para la posteridad. A tal fin manda que dichas campañas queden grabadas en los muros del Templo de Amón, en Tebas (Karnak). Concedió asilo a Jeroboam I, primer rey de Israel tras el exilio impuesto por Roboam, hijo de Salomón y primer rey de la Casa de David en Judá, al separarse de los israelitas. 

Grabado del saqueo de Jerusalén.
El expolio del faraón Shishaq no supuso la aniquilación de Jerusalén. Las hordas marcharon tras el saqueo y algún tiempo después las aguas volvieron a su cauce. Roboam sustituyó los vasos que el faraón robó o destrozó por otros de bronce. Resulta curioso que el Arca de la Alianza no fuera robada por los egipcios, ya que se menciona en el reinado de Josías casi tres siglos después (640-609) lo que demuestra el escaso valor material de esta reliquia o que simplemente ya no estaba en el Templo. Según los etíopes el Arca de la Alianza fue robada a Salomón por su hijo Menelik I, que lo era también de la Reina de Saba. ¿Por qué Josías, rey de Judá, la nombra tantos años después si realmente no la tiene en su poder?. Lo que sí está fuera de toda duda es el ataque y saqueo de Shishaq a Jerusalén (925 a.C.) mencionados en la Biblia, pues tiene su prueba de veracidad en el Templo de Amón, en Tebas. Un bajorrelieve relata todas las conquistas de Sheshonq I y entre ellas la que corresponde a Judá y Jerusalén. En cuanto al Arca de la Alianza, exceptuando el comentario de Josías, nadie más ha dado prueba de su existencia. 


A pesar de las afirmaciones etíopes, el segundo Libro de los Cananeos parece demostrar que las palabras de Josías son ciertas pues relata que "el profeta Jeremías (650-585 a.C.) advertido por un oráculo de la invasión de Babilonia (587 a.C.) mandó llevar el Arca a la montaña donde Moisés recibió los Mandamientos de la Ley de Dios. Ya cerca de la cumbre Jeremías encontró una caverna e introdujo la reliquia mandando clausurar la entrada. Una vez abajo mandó a varios hombres que volvieran para marcar el camino, pero ya no lo encontraron y fueron reprendidos por el profeta que vaticinó: ese lugar será ignorado por todos hasta que Dios nos reúna al final de los tiempos..."

RAFAEL FABREGAT

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