
Cuando la esclavitud norteamericana consiguió la libertad, mucha de aquella gente no sabía qué hacer ni a donde ir. Estaban acostumbrados a la esclavitud, una vida durísima pero en la que no era necesario pensar. Ya lo hacían otros por ellos. Aquella gente no sabían cual sería su trabajo al día siguiente, ni cual la comida que tendrían sobre la mesa, pero sabían que la comida no faltaría y menos aún el trabajo. Para ciertas personas y en determinadas situaciones ser marioneta de los demás tiene sus ventajas, pero tiene que haber cierta disposición para ello y carecer de otras oportunidades.
- Toma. ¡Esto es lo que has de hacer y decir! -ordena Oriol Junqueras a Artur Mas.

Representar a los votantes de la derecha catalana y gobernar bajo la dirección del jefe de las izquierdas debe ser algo difícil de tragar. Pero, en fin, es lo que hay. Las marionetas tienen la ventaja de que son de madera y no piensan. Puede que el presidente de la Generalitat también tenga alguna viruta de madera en la cabeza, pero algo de chicha también debe tener ya que, de no ser así, no lo hubieran votado los catalanes pues éstos de tontos no tienen ni un pelo. Si está donde está, algo debe valer. Lo que sucede es que (pobrecito) no le dejan mandar y con las actuaciones que está llevando a cabo veremos qué pasará en las próximas elecciones. El problema es que de momento no hay solución y hay que agacharse los pantalones y ofrecer su trasero al enemigo. Pase lo que pase y caiga quien caiga, hay que tragar...
Cuando uno tiene lo que hay que tener y lo tiene bien puesto en su lugar, da dos golpes sobre la mesa y dice ¡hasta aquí hemos llegado!. Quizás sus votantes comprenderían mejor esa actitud que la de ser constante marioneta del enemigo, fomentando algaradas que no son del agrado de aquellos que le dieron su voto, pero... La gente de derechas quiere estabilidad. Seguramente los votantes de Convergencia Democrática de Cataluña no acuden a las arengas y manifestaciones que se producen en la calle, organizadas por gente que nada tiene que ver con ellos ni con su forma de pensar. Por lo tanto, con la constante bajada de pantalones, Artur Mas hace un flaco favor a su partido y a sí mismo. Las consecuencias, sin duda, se verán en las próximas elecciones...
RAFAEL FABREGAT
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