28 de abril de 2011

0344- FABRICACION DE ALPARGATAS EN CABANES.

Aunque ya comenté unos meses atrás la tradición local de la confección de alpargatas hoy lo hago con más amplitud a fin de ofrecer todos los datos disponibles. Hasta bien entrado el siglo XX, los jóvenes de las zonas rurales no llevaban calzado hasta que ellos mismos se lo hacían. Quiere ello decir que los niños solían ir descalzos y cuando ya un poquito mayores y sin apenas escolarizar, empezaban a ayudar en las tareas del campo, se calzaban con destrozadas alpargatas de sus hermanos mayores para poder resistir la dureza de las tareas agrícolas. Se decía que para los domingos solo había un par de zapatos, que se ponía el primero que se levantaba.
Con apenas 10/12 años cumplidos, en las veladas invernales junto al fuego y sin ninguna otra distracción, una de las primeras enseñanzas era hacerse las alpargatas. Las había de varios tipos y categorías, según fueran para el trabajo diario en el campo o de vestir.

Las primeras solían hacerse con suela de goma, bastante difícil de conseguir por la escasez de coches y ruedas viejas de goma que había entonces. Sin embargo para cualquier producto hay gente dispuesta a gestionar lo que sea, a cambio de un beneficio y también para la obtención de esas ruedas había proveedores.
Los coches eran entonces tan escasos que incluso oí decir a mi padre que en cierta ocasión le vendieron un trozo de rueda ¡de avión! con la que naturalmente tuvo suelas (y buenas) para más de 30 años. Cuando yo tuve noción de este asunto, ya cumplidos mi padre los 50 años de edad (1.960) todavía le quedaba parte de aquella rueda de avión que compró en la década de los años 20. La confección, para él que lo había hecho toda su vida, era laboriosa pero sencilla. Se trataba simplemente de cortar las suelas, a la medida de su pie y acto seguido hacer una fina pleita (llata) de esparto picado que forrase la suela y sobre la que descansaría el pie.
También se hacían 100% de esparto, en cuyo caso no había que forrar la suela.
Esta pleita iba cosida a la suela con cordel del mismo material.
Ya con las dos suelas forradas en su parte superior, había que confeccionar las dos taloneras y las dos "caretas", realizadas en cordel de esparto y cosidas a forro inicial de la suela. Para darle la inclinación precisa y necesaria para que ambas piezas acoplasen perfectamente al pie, cada cual tenía un trocito de rama de olivo a su medida que, a modo de caballete, servía de patrón.

Las piezas llamadas "caretas", parte delantera de la alpargata, tenían un cordel central que, además de ser unión y refuerzo de los cordeles que la componían, servía para posteriormente atársela al tobillo. Dicho cordel iba de la careta a la izquierda de la talonera y de la parte derecha de ésta salía otro cordel más corto que se ataba al primero. No sé si me habré expresado muy bien, pero así eran las cosas en lo que respecta a las alpargatas de rueda de goma para el campo.
Para los modelos de más arreglar, la alpargata y su confección era la misma, con la diferencia que la suela era de esparto o de cáñamo. En cuanto a las alpargatas de vestir, ya la máxima categoría, además de tener las suelas de cáñamo, caretas y taloneras eran de tela gruesa o loneta y los cordeles se sustituían por cintas de algodón que, blancas o negras y atadas en dos o más pasadas al tobillo daban un acabado elegante. Normalmente, estas últimas se compraban puesto que la adquisición del cáñamo era complicada y más aún las caretas de loneta.

Eran varios los talleres locales dedicados a la confección de alpargatas, no solo para abastecer las necesidades locales, sino también para proveer a pueblos de alrededor e incluso algunas tiendas de la capital. Uno de los más importantes era el de la familia de "les Petres", en la calle de San Blas, aunque había algunos más, como el de la "tía Elvira" y el de "el tío Serengue", padre de Diego el Boix, que tenía taller de alpargatas y barbería en el número 2 de la calle Guillermo Andreu, entonces Plaza del Generalísimo. Cuando no había clientes en la barbería, hacían alpargatas. Así de sencillo.
Solo dos o tres talleres hacían el acabado de las alpargatas, pero eran muchas las casas que se dedicaban a la confección de la pleita (llata) trabajo muy extendido en nuestra localidad. Las de esparto y cáñamo para las alpargatas y las de palma -más abundante- para la confección de capazos, sarias y demás artículos de este tipo. Cuando la demanda excedía a su capacidad de producción, los "fabricantes" encargaban a terceros la confección de la pleita.

Menos del 5% de la población usaba zapatos en aquellos tiempos, por lo que la demanda de alpargatas era fuerte y constante; tanto es así que incluso era uno de los trabajos habituales de los penados en las cárceles españolas, como también lo era la confección de escobas de palma. La foto adjunta es del año 1.944 en la prisión de El Dueso (Cantabria) donde la confección de alpargatas era una forma de rebajar la condena y de ganarse algún dinero para tabaco, etc. Así transcurrían aquellos tiempos, primera mitad del siglo XX en España y así lo conocimos todavía en Cabanes aquellos que ya tenemos cumplidos los 60 años, ya que el taller del "tío Serengue" no cesó en la actividad hasta principios de la década de los 60. Allí trabajaron en esta labor el matrimonio y sus dos hijos Diego y Adela hasta que los viejos se jubilaron y cerraron el negocio. Solo la familia de "les Petres" siguió con la actividad, ya solo comercial, de la venta de alpargatas pero claro, una cosa es la confección y otra es el comercio. La tienda principal y en la que incluso se vendían zapatos, era la de Elvira l'Espardenyera, esposa de Guillermo "el de Calces" y madre del historiador local Guillermo Andreu. Pronto se instalarían en la localidad hasta cuatro tiendas más y el negocio comercial también bajó para todos.
Ya nada es como antes, ni volverá a serlo jamás. No hay vuelta atrás para los productos artesanales. La globalización ha acabado con todo aquello que formó parte de nuestra historia e identidad...

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