25 de marzo de 2011

0310- ALMACENES DE ABONO EN CABANES.

Si bien no tengo documentos oficiales que lo corroboren, el primer almacén de Abonos de la localidad de Cabanes fue seguramente el de la familia de "Les Danieles", en la calle del General Aranda (hoy La Fira) totalmente extramuros de la localidad, en aquellos tiempos. Aunque algo posterior, dicho almacén era casi tan antiguo como la tienda de ultramarinos que regentaba el mismo titular en el carrer de la Morera (hoy Gavaldá) por lo que, aproximadamente, debemos remontarnos hacia 1.920/25. Recibiéndose y vendiéndose todo el material a granel, un negocio de estas características no podía desempeñarse en unos bajos de poco más de 100 m2, como es el caso de algún otro pequeño almacén de la localidad, sino que se precisaba de una gran superficie que admitiera diferentes montones de cada uno de los productos, de varios camiones cada uno. El cliente adquiría a peso la cantidad requerida de cada producto y en su casa hacía la mezcla pertinente para la siembra o abonado de frutales.

Lo más frecuente, para cualquier clase de cultivo, era el adobo con Amoniaco, Potasa y Nitrato. Normalmente el abonado se hacía con la mezcla de estos tres materiales, dependiendo el porcentaje de cada uno del tipo de cultivo y de las carencias de la parcela a abonar, influyendo también la pluviometría del año en curso. La Cooperativa de Cabanes, como todas las de su entorno, fue una iniciativa de los agricultores para conseguir mejores precios a la hora de comprar los abonos y productos necesarios para el campo y posteriormente la mejor defensa de las cosechas. Los pasos siguientes serían el Molino de aceite, la Bodega vitivinícola y la Descascaradora de almendras, amén de una Caja de Crédito local que facilitaría el acceso de los socios a posibles necesidades económicas puntuales. En sus almacenes de la calle del General Mola (actualmente San José) la Cooperativa Agrícola distribuía exactamente el mismo material que el almacén de "Les Danieles" pero lógicamente a mejor precio, lo que prontamente motivó el cierre de este negocio particular.

A mediados de la década de los 60, la Cooperativa construyó la Bodega Vitivinícola, junto a la carretera del l'Arc Romà y trasladó a los bajos de una de las naves el almacén de abonos de la calle General Mola. Fue entonces cuando el vecino Alberto Martí, aprovechando la inercia de los usuarios, abrió un almacén con este servicio frente al antiguo almacén de la Cooperativa, en esa misma calle. Unos años después este almacén se le quedaría pequeño y construyó una nave-almacén de más de 1.000 m2. en polígono industrial junto a la carretera de Zaragoza. De todas formas, como tantas veces he comentado, nada es para siempre. En este momento la agricultura de la comarca está completamente abandonada, sin rendimiento que permita el laboreo y los cuidados necesarios, lo que implica que las ventas de abonos y fitosanitarios hayan caído de tal forma que apenas permiten beneficio sustancial alguno. De seguir así, no se descarta que, en breve plazo, los negocios particulares del ramo tengan que cerrar.

Sin embargo no debe olvidarse que al menos la materia prima de la mayor parte de las cosas que comemos cada día, proviene del campo y por lo tanto éste no puede quedar abandonado para siempre, salvo que sean otros quienes trabajen para que nosotros podamos encontrar permanentemente el necesario alimento. Si nada es para siempre, es previsible que tampoco lo sea el abandono agrícola actualmente existente en nuestro país. Al final, todo lo bueno y lo malo de cada época, depende especialmente de nuestros gobernantes y de las políticas que implanten. Esperemos pues que vengan cambios que permitan recuperar las tierras y muchas otras cosas, anteriormente rentables y actualmente perdidas...

CONDILL

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