Sí, sí... ¡No entran moscas!. Ya lo sabemos pero, ¿Quien es tan discreto como para tener la suficiente autoridad moral de pedirlo a los demás?. ¿Acaso son muchos los que antes de hablar mal de otro, miran su interior y están limpios de todo mal?. Porque, como todos sabemos, la Biblia dice bien claro que... "Todos vemos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio". Si es así, que así es, no habría chismes ni corrillos en toda conversación entre amigos y camaradas, donde se habla siempre del que está ausente y cuando se habla en presencia del aludido las palabras ya no son las mismas, porque una cosa es decir que este o aquel es un ladrón y en su presencia solo se dice que no sabe hacer las cosas bién. El diablo es más sabio por viejo que por diablo. ¿O no es así?. Y el que esté libre de culpa que tire la primera piedra... ¡Que no faltará quien se la devuelva!.
Este mundo está podrido...No contar nada te aisla del mundo, pero contarlo te puede traer más de un problema. Solo el saber a quien cuentas intimidades puede evitar el problema pero, claro, lo de escribir en redes es algo público y por consiguiente merecedor de no pocas críticas. Claro que cuando uno ya está de vuelta de todo y con muchos años a cuestas, puede darse el caso de que, para bien o para mal, nos cuente lo que toca y lo que no toca. Porque a ciertas personas el solo hecho de preguntarles ¿cómo estás? es como quitar el tapón a una botella de champán. Claro que esas mismas personas no tienen "pelos en la lengua" a la hora de hablar de los demás. ¡Cuantas veces hacemos confidencias a personas que no lo merecen, puesto que ellas jamás te dirán una sola palabra de lo suyo!. Pero, repito, cuando uno está a vueltas de todo, te importa un carajo lo que digan y lo que hagan.
Ahora bien. Si hablas tienes que ser sincero y contar la verdad de lo que sientes. Porque lo de contar mentiras que ni tu mismo te crees es hipócrita y no tiene perdón. Si alguien se enfada porque dices una verdad comprobada, no te preocupes, pero antes de hablar, comprueba que efectivamente es verdad y comprobada. Que hay mucha lengua suelta por esos mundos de Diós. La sinceridad sobre todo. De lo contrario estarás cargando sobre tus hombros una responsabilidad que no te corresponde. Otra cosa importante es hablar de un tema íntimo de otra persona. Las intimidades son algo serio que a nadie le gusta que sea otro quien las airee. Tu, seriamente o por guasa, podrás contar una intimidad tuya para reirte en una reunión de amigos, pero nunca te gustará que sea otro quien la cuente por tí.
Porque las intimidades de los demás simpre nos parecen graciosas pero, repito que son muchos los que se rién de lo tuyo y pocos los que cuentan lo suyo, aunque sea mucho peor. En fin. Tu cuenta lo tuyo, si quieres, pero no cuentes lo de los demás. Eso tienen que contarlo ellos, si es que verdaderamente les apetece pero no olvides que, como todo en esta vida, nada es para siempre y los que hoy son amigos, mañana pueden no serlo. En este tipo de cosas, hay algunas que es mejor no decir. Está claro que cuando estás entre amigos de toda una vida llegas a contar más de la cuenta pero, aún así, debes recordar que la transparencia excesiva puede llegar a ser desagradable en un futuro más o menos lejano. No olvides nunca que, en boca cerrada... ¡no entran moscas!.
Rafael Fabregat Condill
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