Antes las calles se rompían con un martillo neumático manual de ruído ensordecedor, pero eso era muy pesado y lento, para lo que actualmente está de moda, que es hacer el doble de ruído pero adelantando tres veces más. Las máquinas manuales han pasado a la historia, en un momento de la vida en el que nadie quiere sudar, salvo en la sauna. Actualmente esos trabajos lo hacen las máquinas pesadas, que adelantan mucho y con un único operario que va cómodamente sentado detrás del volante, pulsando una serie de joistiks que lo hacen todo de forma electrónica. ¡Hay que ver lo rápido que va el mundo!. Cuanta más gente nace, menos mano de obra se necesita. A este paso, muchos tendrán que morir de hambre, por falta de trabajo. Lo cual hará inevitables, una vez más, las revoluciones y las guerras.
Cuando llegas a casa, cansado de trabajar, no hay nada más desagradable que a la puerta de tu casa haya máquinas trabajando y haciendo un ruído infernal. Sin duda será algo necesario pero, aún así, a algunos se les hace insoportable. Antes esas cosas solo pasaban en las grandes ciudades, que cuando no era en un barrio era en otro, pero actualmente también sucede en los pueblos, aunque solo en el centro. Más aún el año anterior a elecciones locales, autonómicas o generales. Los políticos, con cuatro años de mandato, nada hacen en los tres primeros pero, con las nuevas votaciones a la vista, empiezan a levantar lo necesario y lo que no lo es, en aras de poder presentar al populacho, todas las mejoras aportadas durante su tiempo de mandato. ¡Qué bien lo hacen!.
Lo mismo sucede con la poda árboles y limpieza de calles y plazas. Que pasan todos los días por los mismos sitios y otras calles se quedan sin limpiar. Incluso las que se limpian a dos por tres, si son largas, lo hacen hasta determinada distancia del centro. Si al final de la calle hay yerbajos en las aceras, se cortan (o no) los más largos y los pequeños se dejan, a la espera de que se hagan más grandes. No pasa nada. Pero cuando crecen, ese trabajo ya no toca y allí se quedan, para mayor burla de quienes los ven tan lustrosos y exhuberantes. De todos modos no crean que vivir en el centro sea mejor... Allí yerbajo no hay ninguno pero, en tan ilustre lugar, es donde empiezan todas las mejoras y los ruídos insoportables. ¡Pobre gente!. ¡Que tranquilo se vive en las afueras!. En el centro el ruído siempre está presente.
Pues nada. Que cada palo aguante su vela.
Las ordenanzas municipales son consideradas de bajo nivel en todas partes, pero no importa, mandar parece ser muy agradecido. Lo malo es el incumplimiento de las normas, según quien lo haga, puesto que algunas no se ven o dan lugar a graves críticas de unos y otros. Yo creo que muchas cosas no son culpa de quien manda, sino del que no obedece y se sale "de rositas" porque no hay nadie que lo vigile. ¿Como es posible que se organice un evento en determinado lugar y no se limpie la zona?. ¡Pobres políticos, culpados de incompetentes, por culpa de cuatro desaprensivos!. ¡Las brigadas han de tener un jefe, que sepa hacer el trabajo bien hecho, aunque no lleve herramienta alguna!. En este artículo no se critica a los mandan, sino a la poca vigilancia que tienen los que obedecen.
Claro que los soperarios aben que el centro debe estar impoluto, pues de inmediato llega la crítica a oídos de los que mandan. Por consiguiente, eso solo pasa a las afueras de los pueblos y ciudades, porque en "las adentros" la limpieza se lleva de punta en blanco. ¡Vaya falta de ecuanimidad!. Bienaventurados los vecinos que soportan ruídos, porque de ellos será el reino del lujo y la limpieza. Porque una cosa es pagar los impuestos y otra muy distinta ver los resultados frente a tu casa. Ruídos los hacemos todos, pero en el centro no hay cocheras, ni tractores con peladoras de almendras, por lo que las molestias de ciertos vecinos se toleran. Lo intolerable es que solo se mejoren unos espacios y se abandonen los demás. En mi pueblo, no diré cual es, todavía quedan calles de tierra...
Rafael Fabregat Condill
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