Se entiende que el título de esta entrada se refiere solamente a las suegras de las mujeres, porque la de los hombres... ¡son pan integral!. En fin, asuntos de pareja... Evaristo y Carmen llevan casasdos cuatro años. El es dentista y ella secretaria de dirección. Tienen problemas. Antes de acudir a un consejero matrimonial, la pareja estaba a punto de romperse porque, según Evaristo, su mujer le obligaba a elegir entre ella o su madre. En cambio para Carmen el problema es que su suegra se metía en todo y su marido nunca la defendía. El consejero no sabé qué camino tomar... El marido (Evaristo) le decía al profesional: "Mi mujer me ha puesto entre la espada y la pared. Quiere que mande a mi madre a paseo. O ella o mi madre. Discutimos todas las noches y, claro, de sexo nada de nada. Nos metemos en la cama sin dirigirnos la palabra"...
A todo esto, Carmen responde al consejero matrimonial: "¡Quiero que mi suegra deje de interferir en nuestra vida, y que no diga que soy una mala madre!. Evaristo tiene que poner en claro que primero somos mi hijo y yo... y después su madre. ¡No sopoprto que siempre se ponga de su parte!". El profesional no sabe qué responder para no enfadar a ninguna de las partes. Y es que resulta lamentable que una pareja que parece tenerlo todo, buenos trabajos, casa con jardín a las afueras y un hijo maravilloso, tenga que vivir con ellos la suegra y lo ponga todo patas arriba. Evaristo hizo una primera visita solo y contó al terapeuta que su padre había muerto dos años atrás y su madre había vendido la casa y comprado un piso, pero tenía que esperar dos meses para que lo rehabiitaran y el matrimonio pensó que lo mejor era que pasara ese tiempo con ellos. Hasta ahí todo perfecto, pero...
"Necesito el apoyo de mi marido para solucionar el problema". Inesperadamente el terapeuta le dice a Carmen: "Por qué no se lo dices tú a tu suegra". Ella se queda sorprendida, pues nunca había pensado en esa posibilidad. Sin embargo, poco a poco, gracias al terapeuta el matrimonio empieza a escucharse. Ella contó que sus padres habían sido tan felices que nunca escucharon a sus hijas y al no verse suficientemente importante siempre pensó que, al casarse, ella sería lo más importante para su marido, pero él también necesitaba el apoyo y la comprensión de su mujer, con lo cual el campo de batalla para expresar ese conflicto de necesidades había sido la presencia en la casa de la madre/suegra. El amor estaba ahí por lo que, según el consejero, lo primero era restablecer la comunicación entre ambos.
Rafael Fabregat Condill
No hay comentarios:
Publicar un comentario