La biotecnología llegó también al algodón y revolucionó su cultivo. Es natural que así fuese, puesto que se trata de la fibra más importante del mundo. Hasta incluso nuestros billetes del EURO son de algodón transgénico y ya existen incluso variedades de esta planta resistentes a las plagas. En muchas fábricas de la India, el envasado del algodón desmotado, en el que la fibra ya ha sido separada de las semillas, sigue haciéndose a mano, como en el pasado siglo se ha hecho desde hace siglos atrás., lo cual no quiere decir que no haya máquinas para cargar y descargar los camiones de material, así como para roturar los campos o recoger las cosechas. Sin embargo la elaboración quieren que siga siendo totalmente artesanal, como lo hicieron sus antepasados.
Pero todavía hay empresas que apuestan por las técnicas milenarias y he aquí que en la empresa Natural Cotton Colors de la India siguen buscando la manera de no darle color artificial al algodón. En la foto de arriba podemos ver que van obteniendo, mediante polinización cruzada y selección de híbridos, plantas algodoneras que producen de forma natural algodón con diferentes tonalidades que no es necesario teñir. ¡Eso si que es rizar el rizo!. Y es que la India es uno de los mayores productores algodoneros del mundo, cuya industria se nutre de mano de obra barata, sobre todo niños Y eso no es todo. Para ciertos tejidos, mexclan incluso lino con el algodón para conseguir de forma natural otros tipos de tejido sin aumentar el coste de una producción de telas de mayor duración y aplicaciones.
Y es que la pobreza no parece hacer mella en unas gentes que siempre han vivido sin los excesos del mundo occidental. Allí en la mayor parte de los campos, casi siempre familiares, se siembra a mano y se recoge del mismo modo. Al parecer todavía queda gente que prefiere pagar mucho más y adquirir los productos naturales, en la seguridad de que con ellos no hay problemas de rojeces y urticarias, siempre molestas. La evolución no llega a algunas partes del mundo, sencillamente porque no la quieren o no pueden pagarla. Ellos van a lo suyo, sin aventuras ni ambiciones. La biotecnología hace acto de presencia a la hora de seleccionar las semillas más interesantes, pero la mano de obra sigue siendo artesanal.
Claro que no todo el mundo actúa de la misma forma. Estados Unidos mueve millones de toneladas de algodón y allí el precio lo es todo, por lo que buscan la más alta producción y mecanización máxima para abaratar costes. No hay miramientos en lo artesanal. que se adquiere de importación para una mínima parte de compradores ricos y meticulosos. Lo que sí está en alza son las semillas de producción natural de colores diversos ya que eso no suele significar una gran diferencia de precio de la semilla y elimina el coste del tintado. Con este auge del algodón de color se ha descubierto que en Perú, México y Guatemala algunos indígenas cosechan algodón de diferentes colores desde miles de años atrás, pero en zonas reducidas. Las compañías americanas buscan apropiarse de la "propiedad legal" de estas semillas para controlar la producción del color natural.
Debido a la escasa rentabilidad, las grandes fincas algodoneras de Texas y otros estados USA ya han abandonado las meticulosidades y en sus propiedades nada se hace a mano. Las grandes máquinas, roturan, siembran y recogen las cosechas. Incluso los tratamientos fitosanitarios se hacen con avionetas que tratan toda la propiedad en un tiempo reducido y a costes mínimos. Cuando se trata de grandes extensiones la única forma de que el cultivo sea rentable es invirtiendo lo mínimo posible. Ya que el precio de compra de la cosecha no es posible controlarlo, al menos el de los costes ha de ser el mínimo posible. No hay otra. China y la India, junto a algunos países sudamericanos, pueden hacer milagros con la mano de obra, pero en Estados Unidos esta posibilidad está obsoleta desde hace mucho tiempo.
Rafael Fabregat Condill
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