Tranquilos, no pasa nada. Aunque nos avergüence, los malos pensamientos los tenemos todos. ¡Ellas también!. Porque no todos son tan elementales y poco maliciosos como mirar a una chica en biquini en la playa, ya que ese lugar es para ver y para que te vean. Suerte la de aquellos que tienen un cuerpo digno de ver. Otra cosa muy distinta es la envidia, la traición, la alegría por el mal ajeno, etc. Esos si que son, verdaderamente, malos pensamientos, pero lo dicho en un principio es simplemente un acto de admiración ante un cuerpo bien hecho, que pocos pueden lucir. Pero la envidia es algo muy distinto que, demasiadas veces, acaba por buscar el mal ajeno a fin de intentar ocupar el puesto del contrincante. Sin embargo también existe la envidia bien entendida, que es la de intentar mejorar tu aspecto o éxito en lo que hagas.
Descabalgar a tu contrincante del caballo para subirte tú, siempre es deplorable, pero intentar superarte para ser como aquel, es algo sublime y deseable. En cuanto a las cosas del físico, ¿quien no tiene envidia del amigo más guapo que liga sin proponérselo?. Pues en las mujeres sucede lo mismo. Y también en el trabajo se tiene celos de aquel compañero que ha ascendido, mientras tu te has quedado donde estabas. Sin embargo nadie lo dice abiertamente porque considera que es un pensamiento injusto y reprobable. Aún así los hay que, si solo fuese necesario pulsar un interruptor para hacerte fracasar, lo harían gustosos. En este mundo hay gente muy mala. Y son justamente aquellos que nunca imaginarías, los de apariencia bonachona, que parece que nunca hayan roto un plato y de los que menos deberías fiarte. Pero aparentamos ser mejores de lo que somos, porque sabemos que no es bueno que los demás sepan nuestro yo más profundo.
Otra cosa es en el tema amoroso ya que, cuando aparece un enamoramiento estando ya comprometido, uno puede dudar de qué hacer. Todos sabemos que lo correcto es decirle a la pareja actual que ha surgido el problema y debéis cortar la relación, pero uno puede pensar que no está seguro del todo y busca conocer hasta que punto lo nuevo es preferible a lo que ya tienes, en cuyo caso buscas asegurarte jugando un tiempo con las dos barajas. Pero tú debes saber que esa actitud es reprobable, hasta el punto de correr el riesgo de que te manden las dos con viento fresco. De todas formas dicen que de las cosas del amor, Dios se sonríe, sin más castigo. Sin embargo la envidia es mucho más peligrosa y culpable de atrocidades, como las falsas acusaciones que buscan arrebatar el puesto de los demás.
El lobo disfrazado de cordero es el colmo de la hipocresía y el más duro de admitir, puesto que indica claramente un sentimiento de inferioridad y celos del éxito de los demás. Es el estigma de Caín y más aún cuando esos celos son a un familiar o amigo cercano. La envidia es mayor entre iguales, motivo por el cual el trabajo es lugar abonado para envidias y traiciones, puesto que el ascenso de un amigo lo vemos como fracaso propio. En el deporte hay quien disfruta más de la derrota del contrario que cuando gana su equipo. Un odio irracional que nos demuestra una vez más que nuestros pensamientos no son todo lo limpios que deberían. Alegrarse del mal ajeno es algo que no deberíamos hacer, pero somos humanos y como producto de una baja autoestima, algunos no pueden hacer otra cosa.
En esos casos lo mejor es alejarse de quienes abonan esos pensamientos negativos hacia los demás. Cuantas veces nos hemos reído al ver a otra persona darse un batacazo. ¿Es ese un motivo para la risa?. No, pero así va el mundo. En ese caso no hay malicia de por medio, pero un mecanismo interior nos alegra, al darnos cuenta de que el de la caída ha sido otro y no nosotros mismos. Pero volvamos al tema sexual, mucho más divertido. Cuando vamos en pareja y ves a una persona exhuberante del sexo contrario, los hombres solemos volvernos y pensar: ¡Menudo bombón!¡Quien la pillara!. Las mujeres cuando ven a un tío cachas también lo piensan pero, más listas que nosotros, no lo demuestran tanto.. ¿Para qué decir nada?. Solo pueden crear celos innecesarios. ¡Es alucinante lo listas que son...!
Rafael Fabregat Condill
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