

En 1808 el monasterio ya sufrió la invasión napoleónica pero, para los Caballeros de la Orden, la catástrofe mayor vendría en 1836 con la Desamortización de Mendizábal pues tuvieron que abandonarlo todo y marchar. A principios del siglo XX algunas dependencias se usaron como colegio de Segunda Enseñanza y posteriormente como noviciado y colegio de los Padres Agustinos. Con la llegada de la II República el convento fue saqueado e incendiado interiormente y ya a finales de la Guerra Civil Española convertido en Hospital de Sangre. Entre 1939-1943 ya terminada la guerra fue convertido en cárcel, muriendo entre sus paredes numerosos prisioneros, bien por sus heridas, por enfermedad, e incluso ajusticiados en virtud de sentencia del Tribunal Militar. Todos ellos fueron enterrados al exterior del monasterio.
Nada menos que 439 cuerpos fueron recuperados, hace poco más de una década, de los cuales se ha constatado que 145 eran militares y civiles muertos por heridas de guerra o ejecuciones. Los casi trescientos restantes eran presos políticos que fueron encarcelados en el Monasterio de Uclés por el bando ganador y que murieron por frío e inanición. Cerrada la prisión como tal, en 1949 el monasterio acogió al Seminario Menor del obispado de Cuenca con la denominación de Santiago Apóstol. Tras la Guerra Civil fue declarado Monumento Nacional, con protección ampliada en decretos de 1949, 1985 y 2003. De la Orden se Santiago quedan tres torres, faltando otras tres que fueron derribadas para construir la iglesia actual.
Parece ser que entre la Iglesia y la Sacristía se accedía a una cripta en la que fueron sepultados numerosos miembros de la Orden de Santiago, entre ellos el Maestre Rodrigo y su esposa Mencía de Figueroa. Su hijo, el poeta Jorge Manrique, pidió ser enterrado allí mismo, junto a sus padres.
Actualmente no se sabe donde fueron a parar los restos de los allí sepultados puesto que, al construirse la nueva iglesia, fueron reubicados en el subterráneo que hay debajo de la misma.
Se dice que en esos subterráneos hay diferentes restos arqueológicos de aquella antigua fortaleza de la Orden y muy especialmente el antiguo cenobio con arcos de medio punto en el segundo sótano y un arco ojival en el primero. Todo eso quedará pues para tiempos venideros, si es que alguien tiene interés en que vean nuevamente la luz.
RAFAEL FABREGAT
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