
Aunque empiezo con esta noticia de alegría general, debo volver al hilo de la cuestión que no es otro que las muchas barreras a saltar para poder llegar a viejo, en unas condiciones mínimas aceptables. No es fácil.
Muchos quedan en el camino y no sería descabellado decir que es probable que sean justo esos los afortunados. Suena pesimista, lo sé, pero la vida es vida mientras hay ilusiones y metas a conseguir. Cuando unas y otras, con mayor o menor fortuna, se han realizado ¿qué queda pues?.

Como todos decimos tras el tradicional Sorteo de Navidad, ¡lo principal es tener salud! Ciertamente lo es, pero no solo salud física. La mental es tan importante o más y ésa no es fácil de encontrar en la gente mayor, que ya empieza a estar cansada de todo.
Está bien lo de gozar del bienestar de los hijos y de ver crecer a los nietos, ¡claro que está bien! y nos alegramos mucho de ello y de poder hacerlo con salud (acompañada de medicinas diarias, claro) pero es inevitable darte cuenta que ya solo eres mero espectador de la vida de los demás.
Nuestra vida ya la hemos vivido. A partir de ahora nos queda una sola etapa (si hay suerte) que es la de disfrutar unos años más, viendo como los hijos y los nietos cumplen las suyas, aquellas que nosotros iniciamos bastante tiempo atrás, aunque parezca que fue ayer mismo.

El mundo no está como para ignorar lo mucho de malo que encierra y lo mucho que hay que agradecer si conseguimos esquivar tanta desgracia. Vivir la última etapa sin problemas importantes, con una cierta placidez, es lo máximo a lo que uno puede aspirar una vez entrados en la senectud. Esta claro que algún día habremos de abandonarlo, como otros han hecho antes y otros lo harán después, pero mientras estemos aquí debemos ser positivos y ver el lado bueno de las cosas. Ser lo más felices posible y transmitir ese positivismo a quienes tenemos cerca, a nuestros familiares y amigos.

Aunque nadie es imprescindible, todos somos importantes para alguien en algún momento de nuestra vida. ¿Por qué no mantener esa ilusión en los demás? No costaría tanto y todos seríamos más felices. Dar y recibir amor es justamente lo que más se echa en falta en este mundo parco en demostraciones afectivas. Si en nuestro interior sentimos cariño hacia algo o hacia alguien... ¿por qué no lo expresamos abiertamente?. Los demás no son adivinos y posiblemente tienen dentro de sí ese mismo sentimiento. Dicen que amor y odio suelen ir siempre de la mano... pero casi todos callamos nuestros sentimientos, incluso cuando son positivos.


Ahora, ya en el ocaso de mi vida, no creo lo mismo.
Este comportamiento es innato del hombre y no puede cambiar. Es más, empiezo a creer que es justamente este egoísmo el que lo mueve todo por lo que, aquel "paraíso" con el que soñé en mi juventud, no solo es imposible sino también inviable.
Es triste comprobar que, sin egoísmo, el mundo no podría avanzar.
Que se pues lo que Dios quiera.
Dicho esto solo me resta agradecer que el mundo, nuestro planeta, no sea una manzana porque, ¡Ay, ay, si así fuera...!
RAFAEL FABREGAT
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