

Sin embargo, en un mundo como el nuestro, la sinceridad es una práctica imposible.
Ser sincero es quedar desprotegido, desnudarte ante todos y quedar a merced de los desaprensivos (los llamados listos) que, aún siendo minoría, son los realmente capaces de hacer muchísimo daño.
La sinceridad solo es posible cuando uno es lo suficientemente mayor como para pasar de todo y de todos y cuando, como a mí, la vida te ha dado los palos suficientes para hacerte fuerte ante la adversidad sin importarte ya lo que puedan decir de tí. Difícil solución que tengas que hacerte duro a fuerza de desgracias y tanto más cuanto más grandes hayan sido éstas.


Mejor pues una mentira piadosa que una verdad cruel. Porque yo hablo de nimiedades sin importancia, no de hacerle daño a nadie a través de esas mentiras.
Total, que ser sincero es tán difícil y tan improductivo que no merece la pena el esfuerzo.
¿Para qué, si nadie va a entenderte?.
Mejor que cada cual siga su camino como mejor sepa y, si hay Dios, ya nos dará a cada uno nuestro merecido.
Conversación entre gallegos que, en la gerga popular podríamos llamar "diálogo de besugos" o de políticos...

- ¿Como te llamas? -pregunta uno.
- ¿Quien lo quiere saber? -responde el otro.
- ¿Que quieres que te diga? -dice el primero.
- ¿Acaso estás sordo? -responde el segundo.
- Lo importante es dialogar -sentencia el primero.
- Eso ni lo dudes -asevera el segundo.
Y así vamos. Esa es la transparencia y sinceridad que suele emplearse en este mundo de locos, por aquellos a quienes llamamos listos.
Ese es el pasado y el presente de la humanidad. ¿También el futuro?
Con toda seguridad... ¡¡¡ SI !!!
RAFAEL FABREGAT
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