28 de mayo de 2018

2603- TODO, O NADA.

Corren malos tiempos para España. Cada vez que hay elecciones decenas de partidos se reparten los votos creando hemiciclos tan variopintos como desastrosos. Buena parte de los españoles somos quizá demasiado vehementes, nos cansamos fácilmente de todo y de todos, permitiendo con nuestra actitud que el Congreso parezca más un rebaño de voraces cabras que el Gobierno de un país occidental. La Transición Española, espejo en el que se han mirado muchos otros países del mundo, parece haber llegado al colapso. No se puede culpar a la corrupción por este desastre, puesto que todos los partidos que han gobernado han cojeado del mismo mal y siempre se ha salido adelante. Somos más bien los españoles, cada cual a su nivel, quienes nos hemos acomodado dejando que la clase política haga y deshaga a su antojo como piara de cerdos en campo sin dueño.

Presidentes sin mayoría no pueden gobernar, siempre otorgando prebendas a unos y otros para conseguir aprobar determinadas actuaciones. Atajo de tunantes a quienes poco o nada les importa España y los españoles. No importa que determinada acción sea buena o mala para todos nosotros. Todo se compra y todo se vende al mejor postor. "Mi voto sí, pero a cambio de..." Así no vamos a ninguna parte, puesto que de tal proceder solo sacan beneficio los enemigos de España, cuyo voto es necesario para poder campar unos y otros a sus anchas. No hay derecha ni izquierda, sino tunantes que buscan enriquecerse a costa del trabajo de los demás, de la misma manera que no hay paciencia de aguantar lo que dura una legislatura para optar al sillón mediante las urnas, único don que nos da la Constitución a la gente de a pie. No, hay que coger el atajo aunque todo se desmorone.

Desmontar todo lo construido. Aquí cada cual tiene montado su propio negocio. Unos se dedican a construir casas y otros a derribarlas. Nada está bien si lo ha hecho nuestro enemigo político y poco importan las consecuencias que esto pueda tener para muchos españoles, que pueden verse abocados nuevamente a la falta de trabajo. Que nadie dude que el terremoto propuesto por el PSOE puede dañar los cimientos de la nación española y dar alas al independentismo más radical. Se han propuesto llegar al poder por la vía rápida, a costa de arriesgar la propia integridad de nuestro país, pero a ellos les importan poco las consecuencias si consiguen llegar a la ansiada meta. Poco nos gustan nuestros gobernantes, pero menos aún quienes aspiran a serlo por la vía de los tejemanejes políticos. El Gobierno debe salir de las urnas y no de las mociones de censura.

No es la defensa a ultranza de un Gobierno que sabemos corrupto, pero tampoco aceptar las pretensiones, por la vía de la censura, de un partido que también lo es. No hace tanto que ese mismo partido arruinó España y también que fue acusado de "desviar" más de ochocientos millones, destinados a la gente sin recursos (ERES) hacia otros destinos afines al partido y a sus dirigentes. Es la paja del vecino y no la propia viga. No tengamos duda que en esta clase de "juegos" no habrá ganador y perdedor, sino que seremos todos los españoles quienes perdamos. A pocos interesa el juego del todo o nada. La gente corriente solo quiere que el destino de España corra a cargo de los españoles y no del tunante de turno. Si los actuales gobernantes están finiquitados, sea, pero devuelvan la voz a la ciudadanía y recemos a Dios para que acertemos en nuestro voto.

RAFAEL FABREGAT

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