Hasta ahí hemos llegado, y esto no ha hecho más que empezar. Ya no es cuestión de que la historia de nuestra simple y predecible vida, quepa en el espacio que ocupa una pequeña caja de cerillas, que mucho es, sino que en dicho espacio pueden caber todas las canciones que vayamos a escuchar en todo ese tiempo. Así han progresado las nuevas tecnologías... Unas innovaciones que nos permiten disfrutar mucho más del arte y la vida en general. No es nada raro ver que gran cantidad de jóvenes deambulan por las calles con los auriculares en las orejas. Van sin duda escuchando musica, algo no excesivamente peligroso pero que sería deseable que no hicieran, sobre todo en las grandes ciudades, con tanto tráfico. Pero claro, con tan bajo consumo y música a su elección, es lógico que la usen con frecuencia.
Es práctico, no pesa y dispone de un disco duro tan potente como cualquier ordenador y en décimas de segundo te pone tu música preferida con tan solo deslizar la yema del dedo sobre su lisa superficie. Son cada día más los jóvenes que, tras asegurarse que llevan las llaves de la puerta y su cartera o mochila, cogen la inmensa discoteca virtual y salen ya de casa con los auriculares puestos en sus oídos. Nos referimos, claro está, al mágico iPod que en pocos años ha inundado todas las calles de España y del mundo entero. Su forma plana y reverso plateado llena las calles del mundo a una velocidad que lo convierte en uno de los productos más vendidos del comercio informático. Pod, en inglés, significa vaina de cualquier leguminosa aunque, en este caso, no esconde semillas sino tu música preferida.
Quinientas horas de la música que a ti te gusta: Los mejores cantantes, las óperas más espectaculares o el reguetón sudamericano y los tambores del África Central suenan en tus oídos sin interrupción en esas grabaciones en directo y los sonidos más carismáticos. Resulta chocante que aquellos lectores de CD, que te sonaban insustituibles, parezcan en este momento tan primitivos como lo son aquellas ruedas de madera y hierro que todavía vimos en los carros de nuestra infancia. Así sucedió con lás máquinas de escribir hoy obsoletas o un vinilo cuya música nos parecía inmejorable y que hoy nos suena de forma tan deficiente y ruidosa. Cada una de estas innovaciones tecnológicas nos ha permitido disfrutar al 99% de una realidad inimaginable, apenas 20 años atrás...
Y no decimos un 100% porque esa cifra no llegará nunca. Todo es mejorable, aunque no nos lo parezca cuando nace. Hace apenas 20 años, los periodistas se preguntaban si el papel (periódicos y libros) no acabaría por desaparecer, como si escribir en el ordenador una novela o el texto de una noticia fuese un trabajo robótico y sin profundidad, que anulara la emoción literaria. Pero nada más lejos de la realidad. Los libros y los periódicos se siguen vendiendo, como si tal cosa. Fué la repetición de lo ocurrido cuando la máquina de escribir sustituyó al bolígrafo o a la pluma estilográfica. Ninguna de esas profecías se ha producido, puesto que quienes hacen esas previsiones negativas son los primeros que se suben al vagón de la modernidad. Y la juventud, mientras tanto, sigue sonriendo por las calles, escuchando Diós sabe qué...
Rafael Fabregat Condill
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