Unas veces impuesto pero, en la mayor parte de los casos, buscado. El sexo en el trabajo es una herramienta demasiadas veces buscada para trepar sin demasiado esfuerzo. Solo hay que saber que un 8% de empleados reconoce haber tenido sexo en el trabajo. Si ese porcentaje es el reconocido libremente, hemos de dar por cierto que mucho mayor será la cifra real. De todas formas no siempre hay que achacar a las secretarias del jefe esta inclinación sexual. No, no. Ni mucho menos. Si el despacho del gerente es un escenario propicio para ello, también el almacén tiene decenas de recovecos donde echar una canita al aire y que no se entere ni Diós. Tampoco hay que pensar que esto sea una conducta generalizada y que todo hijo de vecino se dedique a la caza y captura de tal actividad.
Supongo que todo empezará con una amistad entre trabajadores, o complicidad entre un alto cargo y otro empleado de a pié. El primero porque le atrae la persona y el segundo porque no quiere hacer desprecio de unos halagos del superior. Pero el tiempo pasa y la relación se intensifica, hasta el punto de que la simpatía entre ambos se convierte en algo más. Como es fácil suponer el asunto va a más y lo que empezó como una atracción y simpatía se convierte en una relación sexual que ninguna de las dos partes puede permitirse. El caso es que el porcentaje del 8%, antes citado como reconocimiento voluntario de casos sexuales entre trabajadores de una misma empresa, cambia drásticamente puesto que un 41 de las mujeres asalariadas confiesa que ha tenido relaciones "sentimentales" con un compañero de trabajo. Pero es más... El 75% de esas mujeres considera que hacerlo "está bién".
Y es que el mundo ha cambiado. Lo de que solo se vive una vez, la mayoría de la gente lo tiene claro. Ya en los años 70 del pasado siglo, fraternizar con los compañeros de trabajo se veía correcto y hasta recomendable por los interesados, pero ya en los 90, si una chica tenía la ocurrencia de entablar relaciones con un compañero de trabajo, corría el riesgo de ser despedida. Como mínimo tendría que enfrentarse a las miradas y cuchicheos del resto de compañeros. Hoy, sin embargo, un 67% de los directivos asegura que no vería mal que dos empleados entablaran relaciones. Nada que extrañar puesto que, en este momento, no son pocas las parejas que se forman en el trabajo. De todas formas, a pesar de lo romántico que esto pueda parecer, se enfrentan al dilema de trabajar y flirtear en horario laboral.
El horario de trabajo es largo y tedioso así que, unos minutos de relax a todos les viene bien. Pero esto no es un problema cuando uno de los dos es el jefe, pero cuando ambos son empleados, puede suceder que uno, o los dos, se queden en la calle. El caso es que, entre la jornada laboral y los desplazamientos, muchos no tienen tiempo para nada y tener a tu pareja en el mismo lugar de trabajo viene muy bien. Por justificar estos encuentros, también hay que considerar que actualmente la mayoría de la gente viste de manera informal y el sex-appeal se hace más evidente que metido dentro de un traje sastre. Y una cosa más: cada día hay más mujeres en puestos directivos, con lo cual pueden ser ellas las que establezcan las reglas del juego, aunque el peligro sigue igualmente vigente.
Los expertos dicen que, especialmente para las mujeres, el hecho de mantener relaciones con su jefe nunca será un hecho inteligente. Difícil es negarte a ello, pero más difícil es seguir en tu puesto de trabajo si la relación se rompe. Las mujeres serías quieren que se las juzgue por su trabajo y rendimiento, no por ser bonitas o prestarse a los caprichos del jefe, así que hay que evitar hacer nada que te haga vulnerable. La razón principal para evitar este problema es que, en los últimos 10 años, el número de casos de abuso sexual ha subido considerablemente. Nada menos que un 37%. Para evitarlo hay que actuar de forma correcta y eficiente, pero sin ser efusiva. Nada de llamadas ni mensajes y solo comer juntos un par de veces al mes, si es imprescindible y mejor en compañía de terceros.
Rafael Fabregat Condill
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