Es desde luego uno de los inventos más necesarios del mundo y sobre todo si estás de compras en una gran superficie. El váter ya está extendido por todo el mundo y no podemos prescindir de este invento, ni siquiera un par de días y si no, que se lo pregunten a los astronautas, que se las ven y se las desean para vaciar el vientre... Claro que en el mundo hay de todo, desde aquel plato de porcelana, con sus huellas y un agujero que siempre acababa salpicándote, a los más modernos de Japón, con chorro de agua templada que te limpia a toda conciencia sin necesidad de papel higiénico. Bueno, por esos mundos de Diós, todavía queda algún agujero inmundo abierto en la tierra y dos piedras donde ponerte de cuclillas. Y suerte si está a la sombra, porque si está al sol los olores son insoportables.
En Tokio, donde siempre nos van delante, hay baños públicos y gratuídos, bien iluminados y con todas las comodidades. Son de cristal trasparente y desde fuera se ve todo el conjunto, completo y perfectamente limpio, Incluso con aire acondicionado y perfumado, pero con la particularidad de que, cuando tu entras y enciendes la luz, los cristales se vuelven opacos y puedes usarlo con toda confianza y privacidad. Cuando el usuario ha terminado y sale a la calle, los cristales se vuelven otra vez trasparentes, mientras el aire perfumado sigue funcionando durante unos minutos más para que el siguiente usuario no encuentre ninguna peste inmunda. A pesar de tanta exquisitez, estos baños han recibido numerosas críticas por parte de los japoneses por si un fallo técnico les deja con el culo al aire a la vista de todos.
Hasta la novedad anteriormente relatada, en Japón los baños públicos eran del sistema antiguo de placa de porcelana, donde el usuario tenía que colocarse en cuclillas, pero el importante flujo turístico del país en estos últimos años, hubo de renovarlos para ofrecer a los turistas las comodidades del mundo moderno. El motivo principal estaba también en la problemática que este inodoro de huellas tiene para las personas mayores, puesto que más de uno hubo de pedir ayuda para poder ponerse en pié, tras la evacuación. Resumiendo las quejas de los japoneses hay que decir que solo se fían de utilizar los servicios públicos que tienen en las estaciones de tren, aunque se quejan también de que allí no tienen jabón para lavarse las manos. Aún así los prefieren a los trasparantes de las calles modernas.
Hasta hace apenas 50 años atrás, cuando la mayoría de la gente se ganaba la vida trabajando la tierra, nada tenía de extraño que gran parte de ellos defecaran en pleno campo, buscando a lo sumo un lugar un poco discreto. En tal caso no había papel higiénico y la escasa limpieza se hacía con unas piedras o las hojas de cualquier planta que hubiera cerca del lugar. Naturalmente les parecerá de risa e incluso algo muy poco higiénico, sobre todo por las moscas que acudían de inmediato, pero nada más sano y sin malos olores que hacerlo en plena naturaleza. De hecho en los pueblos, la mayoría de ellos sin alcantarillado ni agua corriente, también se hacía de esa forma, en el corral del mulo o en algún rincón del mismo y en condiciones higiénicas peores. Pero... ¡Es lo que había!.
Rafael Fabregat Condill
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