Los científicos no paran de hacer chequeos a la biodiversidad del planeta, pero solo la conciencia de todos podría mantener a raya el problema. Se estima que cada 20 segundos desaparece una especie. A este ritmo será inevitable sin duda la llegada de una nueva extinción, como las tantas ocurridas miles de años atrás. Para evitar esta masacre estudian alternativas a los muchos puntos calientes que ponen en peligro la vida del planeta, pero los muchos intereses de quienes manejan el poder, no creemos que permitann que se pueda poner freno a tantos desmanes. Veremos qué pasa, pero los puntos calientes no paran de crecer. Todos sabemos que lo que se haga hoy es lo que sembramos para el futuro, pero son pocos los que quieren apretarse el cinturón en ese sentido.
El hecho de que en el lugar en que vivimos no esté tan colapsado como el de la foto superior, puede hacernos pensar que no hay para tanto, pero no es así. Toda nuestra sin razón va a la atmósfera que respiramos todos. Cierto es que hay puntos más colapsados que otros, pero todo está ahí, todo suma y no todas las especies son capaces de resistirlo. El problema mayor, con ser mucho, no es lo que estamos haciendo, sino que somos incapaces de dar marcha atrás. No estamos conformes con tener de todo, sino que queremos lo mejor y esto hace que estemos siempre renovando al alza ese listón del bienestar que está acabando con el planeta. ¿Hasta cuando?. Puede que cuando queramos parar sea ya demasiado tarde. Las salas de urgencia de los hospitales están colapsadas y el listón sigue subiendo.
Los hospitales que todos hemos visto construir, están quedándose pequeños. Todo son ampliaciones, cuando no construcción de otros nuevos, cada vez más grandes. Las listas de espera para ser atendidos, cada vez más largas y ya no digamos si se trata de una operación de cirugía que, de no ser urgentísima, puede retrasarse hasta uno o dos años. ¿A donde vamos?. Y lo dicho... Todo por cambiar una cocina nueva, un televisor, un frigorífico o un coche de última generación, cuando realmente todo lo que tenemos está en perfecto funcionamiento. Ya nada se repara. No puede solucionarse con un cambio de pieza y directamente nos planteamos el cambio a un nuevo aparato. ¡No hay problema!. Pero sí lo hay porque, quien más quien menos no tiene ni siquiera el dinero ahorrado para llevar a cabo tal cambio.
Pero no pasa nada. Lo pagaremos a plazos... Se vive el presente, como si no hubiera un mañana. ¿Qué ha pasado aquí?. De repente se nos ha despertado el ansia del consumismo. Si mi vecino lo tiene, ¿Por qué no voy a tenerlo yo?. ¿Qué pasa aquí?. Ya no hay ricos ni pobres, es más, diríase que los ricos son justamente lo que viven de forma más pobre, porque, por lo visto, el más rico no es el que mas dinero tiene, sino el que menos necesita. Ese es el modelo de vida de la actualidad. Y mientras tanto las industrias produciendo a marchas forzadas todo el material que se necesita para semejante forma de vida. ¿Por qué voy yo a ser menos que el vecino?. Hombre, pues porque él es rico y tú eres pobre. Pero no. En el día de hoy, ese razonamiento no vale, ni es suficiente para parar el consumo.
¿Y qué pasa entonces?. Pues que los precios se disparan y el planeta arde por los cuatro costados. Y en el "primer mundo" todavía nos frenamos a la hora de tener hijos, pero en el resto no usan ni siquiera preservativos, porque les gusta más "a pelo". Bueno, bueno, bueno... Aquí también les gusta a todos a pelo, pero se aguantan y tienen un solo hijo, o dos, tres como mucho, si es que ha habido un "fallo técnico", pero esto habría que frenarlo y no bonificarlo, como se hace en España, que en lugar de ponerle trabas al asunto, se bonifica el nacimiento de hijos con pagas a cada uno de ellos y todo tipo de bonificaciónes económicas a todos aquellos que sean familia numerosa. Así amigos, ¡no vamos a ninguna parte!. Y por si eso fuera poco queremos que llegue más gente de fuera, para que vote a los partidos que permiten tales barbaridades. ¡Así va España y el planeta en general...!
Rafael Fabregat Condill
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