27 de mayo de 2026

3333/0127- EL IDIOMA DEL CIELO.


Lo de que el cielo nos habla, no es nada nuevo. En tiempos no tan lejanos, cuando los meteorólogos apenas existían y no había televisión en las casas, mucha gente ya sabía el tiempo que haría al día siguiente. Y no solo mirando al cielo, sino con una puerta que chirriaba o una ventana que apenas podía cerrarse. Ese era el barómetro de los pobres que no tenían otra señal para saber si al día siguiente había que hacer un determinado trabajo u otro. Y no solía fallar. Las nubes constituyen una de las manifestaciones meteorológicas más fascinantes, pero todavía no han desvelado todos sus secretos. Los altocúmulos suelen decirnos que se avecinan tormentas, con lluvia abundante y algún posible pedrisco.

 
Son nubes cumulonimbus lejanas, de desarrollo vertical, formadas por una columna de aire cálido y húmedo que suelen aparecer con la punta hacia atrás, con respecto a la dirección de la tormenta. En condiciones propicias pueden producir precipitaciones intensas y tormentas eléctricas cuando están plenamente desarrolladas. Debajo de ellas suelen aparecer nubes desgarradas que traen precipitaciones intensas, pero normalmente de corta duración. Su mayor peligro estriba en la posible descarga de granizo de tamaño medio o grueso. La parte superior suele estar aplanada, debido a los vientos en altura, y su parte baja es oscura, de aspecto sombrío y amenazador. Sea como fuere, siempre amenazan, puesto que son nuebes que indican un empeoramiento del tiempo a corto plazo.

 
Por el contrario, las nubes bajas están formadas por pequeñas gotitas de agua que para nada influirán en el tiempo del día. Si llegan al suelo las denominamos niebla y normalmente suelen disiparse a lo largo de la mañana motivo por el cual, si por encima de ellas está el cielo raso, darán paso a un día radiante de sol intenso. Normalmente están asociadas a la retención de nubosidad entre montañas próximas, de mayor o menor altura. En el caso de darse en pleno invierno pueden provocar diminutas lloviznas y suelen decirnos que el frente frío anterior ya ha pasado y es el buen tiempo el que vamos a disfrutar a continuación. Por el contrario cuando ha de llegar un tiempo ventoso y desapacible las nubes son alargadas y de colores rojizos al atardecer.


Naturalmente el colo rojizo lo da el sol al reflejarse en ellas. Sin embargo la luz del sol es blanca, así que si la vemos rojiza es porque "algo" se ha comido el resto de los colores del Arco Iris. En ese momento el sol está muy bajo en el horizonte o incluso ya ha desaparecido e ilumina la parte inferior de las nubes. A medida que la luz del sol avanza por el aire choca con las moléculas de hidrógeno y dispersa los colores próximos al azul, pero los cercanos al rojo siguen su camino. Cuanto más bajo está el sol más atmósfera atraviesan sus rayos y más se potencian los colores rojos. Normalmente las nubes rojas anuncian viento ya que se producen por la dispersión de la luz solar pero también por el cambio de la alta presión atmosférica del entorno.


Para los españoles que vivimos en la Comunidad Valenciana, o sea al Este de España, solemos recibir lluvias importantes cuando los vientos vienen del mar Mediterraneo ya que esas nubes, antes de llegar a nosotros, cruzan el mar y se cargan de una abundante humedad antes de llegar a la costa. Esos vientos actúan como una esponja que absorben la humedad marítima pero, al llegar al litoral y toparse con las montañas, se ven obligados a ascender de forma abrupta. Ese es el mecanismo que hace llover en nuestra tierra ya que, al ascender rápidamente esas nubes cargadas de agua se enfrían y el vapor de agua que contienen se convierte en agua líquida que se convierte en precipitación. El peligro extremo se produce al convertirse en una DANA, frío intenso en altura y aire cálido y húmedo debajo, lo que puede desencadenar tormentas e inundaciones históricas.

Rafael Fabregat Condill

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