Los arqueólogos no se cansan de escarbar los restos de la Historia. A 18 Km. al noreste de Homs (Siria) se encuentran las ruínas de la antigua e importante ciudad de Uru-Qat-Na, hoy conocida como Tell-el- Mishrife. Enclavada en el valle del río Oronte, desde el 3000 a.C.
era cruce de caravanas y ello fué el motivo de su florecimiento. En su último comunicado, el rey Akizzi de Qatna pedía al faraón egipcio Amenhotep IV y a otros monarcas vecinos que le ayudaran a detener el inmediato ataque de los Hititas. Su llamada de auxilio no fue escuchada y los invasores dtruyeron la próspera y floreciente ciudad hacia el año 1300 a.C. El palacio y las tumbas reales, estátuas, joyas y mobiliario funerario quedaron sepultados y en el olvido durante más de 3000 años, hasta que un equipo de arqueólogos alemanes, empezaron a excavar y reconstruir los últimos días de esta rica metrópoli.
Como se ha dicho anteriormente era encrucijada de las rutas caravaneras que enlazaban las ciudades mediterráneas con las del valle del Eúfrates. Las excavaciones han puesto de relieve los detalles de su caída y la importante organización económica que allí se desarrollaba en aquellos tiempos, así como la estrecha relación que aquellas gentes mantenían con sus muertos, puesto que se han encontrado vestigios que demuestran que compartían con los difuntos sus alimentos en fiestas que organizaban con cierta frecuencia. Lo demostraron al encontrar los restos de huesos de animales junto a grandes hogueras y recipientes culinarios junto a las tumba de sus ancestros, habiendo junto a la entrada de la misma dos estátuas que pretendían proteger la entrada de la misma.
Las tumbas reales, estátuas y todo su ajuar funerario estaban situadas bajo el Palacio Real, no fueron encontradas por los invasores y han sido consideradas las más importantes de la arqueología de Oriente Próximo en las útimas décadas.
En dicho lugar se encontraron numerosas piezas de gran valor arqueológico que demuestran la prosperidad de la ciudad, entre ellas piezas de oro de estilo naturalista y estátuas votivas que datan del año 1800 a.C.
Estas tumbas fueron descubiertas al encontrar un largo corredor de unos 40 metros que se hundía en el suelo hasta 7 metros de profundidad, para llegar a una apertura de 5 metros de ancho que se abría a un complejo funerario subterráneo.
En este lugar se descubrieron 75 tablas cuneiformes y tablas que habían caído al derrumbarse la parte superior al ser destruída. Las tablillas son del reino de Idanda y están escritas una parte en acadio y otra parte en hurrita.
La entrada al enclave funerario está cutodiada por dos estátuas de basalto que representan figuras masculinas sentadas sobre un trono (foto de la derecha) y datadas también entre los siglos XVIII y XVII a.C.
Esta sala funeraria mide 9 por 7 metros y se abre a otras salas de medidas inferiores, donde hubo otros hallazgos.
En otras salas del Palacio Real se encontraron huesos de elefantes que haitaban en los pantanos del valle del río Orontes, al oeste de Uru-Qat-Na. Se trata de una especie extinguida del elefante sirio (Elephas máximus asurus).
Los citados arqueólogos encontraron las cámaras reales intactas y correspondientes a una dinastía real del II milenio a.C. Los arqueólogos legaron a Siria el año 1999, pero a éstos ya les había precedido en 1927 el conde Robert du Mesnil que las encontró tras la II Guerra Mundial, cuando esta zona estaba siendo administrada por el gobierno francés, pero por razones que desconocemos, Mesnil abandonó la excavación en 1929. Se trataba de una colina artificial formada, como tantas otras en Oriente Medio, a partir de sucesivos niveles de ocupación remota y próxima a la misma se levantó la actual Tell-el-Mishrife. La zona excavada consiste en 150x150 metros de extensión con elevaciones superiores. La arqueología es la que nos muestra la historia real, que las leyendas nos contaron a medias.
Los citados arqueólogos encontraron las cámaras reales intactas y correspondientes a una dinastía real del II milenio a.C. Los arqueólogos legaron a Siria el año 1999, pero a éstos ya les había precedido en 1927 el conde Robert du Mesnil que las encontró tras la II Guerra Mundial, cuando esta zona estaba siendo administrada por el gobierno francés, pero por razones que desconocemos, Mesnil abandonó la excavación en 1929. Se trataba de una colina artificial formada, como tantas otras en Oriente Medio, a partir de sucesivos niveles de ocupación remota y próxima a la misma se levantó la actual Tell-el-Mishrife. La zona excavada consiste en 150x150 metros de extensión con elevaciones superiores. La arqueología es la que nos muestra la historia real, que las leyendas nos contaron a medias.
Rafael Fabregat Condill*
(*).- El último Condill en Europa.
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