Es entonces cuando poco a poco empiezan a despertar. Tras el cortejo y fecundación de las hembras unos y otras iniciarán su regreso. La mayor parte morirán en el camino de vuelta pero el ciclo de la vida ya estará completado puesto que, a lo largo del mismo, las hembras habrán puesto los huevecillos en la planta del algodoncillo y de ellos saldrán los gusanos que convertidos en crisálida y posteriormente en mariposa, completarán el recorrido de vuelta a casa. Así de complicado y así de sencillo es el proceso reproductivo es este insecto tan especial. El más viajero de los insectos del planeta.


La llegada a tierras mexicanas suele coincidir con el "Día de muertos". Normalmente las mariposas Monarca occidentales suelen viajar a los bosques de eucaliptos de las costas de California, mientras que las orientales lo hacen a los de coníferas mexicanos. Son varias pues las metas o santuarios de esta migración anual. Lo que si está demostrado es que, como si llevaran un GPS cada generación vuelve exactamente al mismo lugar e incluso al mismo árbol al que acudieron sus progenitores. La estancia habitual suele ser de unos cinco meses, pero son las temperaturas las que dan el pistoletazo de salida y retorno. En años con vientos favorables, algunos indivíduos viajan a España y al suroeste de Gran Bretaña.
A mediados de Marzo las mariposas despiertan de su letargo invernal y se aparean para, unos días después, iniciar su camino de vuelta. Sus colores amarillo y negro previenen a sus posibles depredadores del peligro de toxicidad, lo que no impide que sean presa de algunos animales acostumbrados a su veneno. De todas formas últimamente las colonias migratorias de la mariposa Monarca se han visto reducidas a una tercera parte, debido al uso de los diferentes herbicidas y también a la pérdida de hábitat por el constante desarrollo agrícola. A pesar de los programas de protección desarrollados en las zonas de hibernación, México no ha podido frenar la tala ilegal y su transformación en zonas de cultivo.
Por la coincidencia de su llegada a tierras mexicanas con el día 1º de Noviembre (Día de los muertos o fiesta de Todos los Santos) la creencia de sus habitantes es que son las almas de los muertos que regresan a casa. De pronto el silencio natural del bosque se convierte en sordo rumor por el aleteo de los insectos que buscan el ansiado refugio en el que escapar del frío y en el que perpetuar la especie.
RAFAEL FABREGAT
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