
Arrancaron los frescos del templo que preside la ciudad y que representaban sacrificios humanos y escenas de guerra y los trasladaron al Museo de Mérida. No hay constancia de que se llevaran a cabo visitas posteriores al lugar. ¿Para qué?. Lo más interesante ya lo tenían a buen recaudo. Pensarían seguramente que piedras hay demasiadas en México y éstas tienen una ubicación complicada. Sin embargo este templo tiene una interesante peculiaridad y es que está dedicado al dios blanco y barbudo de Kukulcán. El que vino del Este y marchó en la misma dirección.
Tollah (Tula) fue cuna de la cultura maya, capital de los toltecas. Llegaron a las tierras mexicanas hacia el siglo X, provenientes de una tribu chimicheca del norte continental y conducidos por un rey llamado Miscoatl. Ellos trajeron la figura y el culto al dios Quetzalcoatl y que con el tiempo los mayas llamarían Kukulcán. Según la mitología de los toltecas aquel dios provenía de Tamoanchán, en el Reino de Tollah, donde estaban los huesos de los primeros hombres del planeta. Kukulcán era dios y rey de Tollah, lugar de paz eterna donde no faltaba nunca el maíz y el algodón, asegurando comida y vestimenta. Sin embargo Tezcatiploca lo embriagó con pulque, llevándole a cometer incesto con su hermana Xochiquetzal.

A la llegada de los españoles, Moctezuma los adoró al confundirles con los dioses descendientes de Kukulcán.
Las piedras de Mulchic cuentan la historia de Kukulcán diciendo que trajo el calendario de 365 días, la escritura y la cocción de la cerámica. Todos esos adelantos los introdujo en todos los rincones del reino en menos de veinte años. No podemos achacarlo a un fenómeno solar. Los datos indican que era un personaje real pues marchó por donde vino, por el Este.
Todos quienes han escrito sobre el personaje lo describen como de piel blanca, cuerpo alto y fornido, ancha frente, ojos grandes y cabellos largos, con barba redonda...
No fue el único, pues los mayas describen a otro personaje parecido. Una especie de sacerdote llamado Itzamná, llegó hacia el año 525 y les mostró ritos, leyes y curación a través de las plantas. En las columnas de la pirámide maya de Chichen Itzá hay esculpidos guerreros que acompañan a Itzamá. Todos ellos llevan extraños cascos en sus cabezas y eran barbudos.
Todas las culturas del mundo y también las amerindias sabían del Diluvio Universal. Los incas hablaban del dios Viracocha, que destruyó a los gigantes mediante un gran diluvio. Habrá que pensar que la segunda migración maya, llegada del sur, aportó leyendas que pueden ser mezcla de la cultura tolteca con gente llegada de la polinesia. Como es natural, los amerindios no emergieron de la tierra como los hongos, ni estaban tan aislados como pensábamos. El principio de todos los tiempos no lo sabe nadie, ni se conocerá jamás.
RAFAEL FABREGAT
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