
No darte cuenta de eso es lo que se llama "vivir en un manicomio". Un caos mental que a nada bueno conduce. No seas loco y regresa pues a la senda del amor entre los tuyos, los que verdaderamente te quieren. Aunque no te lo parezca, están deseando abrazarte. No caminas por la senda de la experiencia, sino por el camino del idealismo. Seguramente no quieres regresar, pues piensas que la vida que llevan los tuyos no es la que quieres para ti. Si es así, no regreses. La mente vive inmersa en sus propias ideas. No se puede actuar de modo diferente a lo que uno piensa. No será la verdad, pero es tu verdad.

Los bienes y el dinero son necesarios para vivir en este mundo, pero el valor del amor es muy superior. No tiene precio. El egoísta, el que no da ni siquiera amor a los demás y siempre piensa en recibir, es persona muerta en vida. Está podrida, presa en el manicomio del infortunio.
El más agradecido es el que da, no el que recibe. Para no vivir en un manicomio hay que tener tolerancia, amor y caridad hacia los demás. Esta actitud es la única que puede proporcionarnos un mínimo de felicidad, en este mundo de egoísmo y locura infinita. La vida es corta y lo material siempre acaba sobrando. Sin embargo el amor es un bien inmaterial que llena mucho más y no cuesta nada repartirlo. Más bien al contrario, el hecho de dar ya te aporta satisfacción. ¿Y qué pierdes con dar algo que es inmaterial?. El refranero español dice que "amor con amor se paga". No siempre es verdad, pero queda la satisfacción del deber cumplido...

Cuando le des algo a alguien y te lo coja, agradéceselo pues hubiera podido rehusar. Del mismo modo, coge y agradece lo que te dan pues, por poco que sea, el día de mañana tú o los tuyos pueden necesitarlo. Nadie jamás vio el mañana. Algún día podrá vivirse nuevamente sin dinero. Cuando eso suceda, la humanidad volverá a ser feliz. El dinero es invento de los políticos, de los Bancos, de los que viven en el manicomio del egoísmo. Y si vives en el manicomio sin estar loco, es mejor que finjas que lo estás. De lo contrario los mismos locos acabarán contigo. Lo hicieron con Jesucristo, con Luther King, con Ghandi y con todos los que predicaron la palabra del amor hacia los demás. Pobres idealistas que, buscando el bien común, cerraron los ojos no queríendo ver en qué mundo vivían...
RAFAEL FABREGAT
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