Con esta premisa, de no tener comparación con nada similar, resulta de todo punto imposible establecer su valor.
Su valor artístico puede que no sea muy notable, lo que ocurre es que el material con el que se ha realizado la escultura es único y difícilmente repetible.
Se trata de una ataxita, meteorito ferroso con altos niveles de níquel muy poco común, material abundante seguramente en el cosmos pero siempre en aleaciones imposibles de encontrar en nuestro planeta.Para no alargar más la incógnita diremos que se trata pues de una escultura budista, cincelada hace más de 1.000 años sobre un fragmento del meteorito Chinga, un raro ejemplar caído en la Tierra hace más de 15.000 años atrás en la frontera de Siberia y Mongolia.
Se trata de una ataxita, meteorito ferroso con altos niveles de níquel muy poco común, material abundante seguramente en el cosmos pero siempre en aleaciones imposibles de encontrar en nuestro planeta.Para no alargar más la incógnita diremos que se trata pues de una escultura budista, cincelada hace más de 1.000 años sobre un fragmento del meteorito Chinga, un raro ejemplar caído en la Tierra hace más de 15.000 años atrás en la frontera de Siberia y Mongolia.
Sí amigos, se trata del mayor secreto que gira alrededor de la estatua budista, sucedido en el año 1.938 y que acaba de ser desvelado por la revista Meteoritics and Planetari Science que acaba de publicar el hallazgo.
La expedición nazi capitaneada por Erns Schafer descubrió la pieza, pero desconocían el material con el que estaba hecha y más aún el valor que podía tener. Los SS alemanes viajaron al Tíbet a las órdenes de Heinrich Himmler, en busca de los supuestos orígenes de la raza aria, que se suponía original de aquellas tierras de paz espiritual. Ni ellos mismos sabían qué podrían encontrar como respuesta y justificación de tal viaje pero hete aquí que, deambulando por valles, montañas y templos encontraron esta pequeña estatuilla de Buda, de 24 cm. de altura y 10 kg. de peso, con una cruz esvástica en el pecho. De todas formas no era tan extraño. También los egipcios y otras muchas culturas la incluyeron en sus esculturas. De lo que no se percataron es que aquella cruz estaba del revés.

La pieza es la tercera más grande del mundo y la única, de este material sideral, que ha sido esculpida. Aunque no se ha podido establecer con precisión su fecha de creación, su estilo lleva a pensar que fue realizado en tiempos de la cultura Bon, anterior al budismo del siglo XI. Nada se supo de esta estatuilla hasta el año 2.009, cuando fue subastada como parte de las pertenencias de una colección privada que se ponía a la venta. Es entonces cuando los investigadores la examinan y tiran del ovillo de su composición y de su historia.
Algunos la denominan "El Buda Espacial". Los occidentales, espiritualidades las justas. Aquí se va al grano, al meollo de la cuestión, que es el incalculable valor de una pieza que se sabe única e inimitable. Todo lo demás se consideran... ¡chorradas de gente atrasada!, pero que, naturalmente, merecen todo el respeto del resto del mundo. Allá cada cual, faltaría más, con sus creencias.

RAFAEL FABREGAT
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