
El disco, una tablilla circular de arcilla de 16 centímetros de diámetro y 2 de grosor, fue encontrado entre restos de bovinos quemados y cerámica helenística y minoica, el año 1.908 en las ruinas del templo minoico de Phaistos, cerca de Hagia Triada en la isla de Creta. Entre las dos caras tiene un total de 242 signos o inscripciones que nadie ha podido descifrar hasta ahora, por no haberse hallado jamás nada parecido en la antigua Grecia ni tampoco en ningún lugar de su influencia. Es justamente su exclusividad la que ha llamado la atención de arqueólogos y lingüistas históricos, en un afán de dar explicación a sus signos y al motivo del disco en cuestión. El hallazgo ha sido datado en torno al año 1.700 a.C. Todo son conjeturas y entre ellas no falta quien aventura que estamos frente a una civilización desconocida y de escritura arcaica que la sitúa en tiempos remotos.

Tampoco falta, porque ante la total ausencia de pistas nada es descartable, quien aboga por un simple juego de casillas -la Oca quizás- que en espiral llevan al ganador a la casilla central. Total, que no se sabe nada...
El enigmático objeto, está etiquetado como de gran interés histórico y arqueológico, a falta de que alguien o algo den luz sobre el significado de los signos que contiene. Entre las diferentes etiquetas que se le han otorgado están las de: Disco del tiempo, Juego tarteso de la Oca, Primer documento impreso, etc. Muchos escriben, muchos hablan, pero nadie sabe nada... Lo único claro es que es una curiosidad, un objeto extraño cuya procedencia y utilidad nadie conoce. Toda su documentación queda resumida en que se trata de un curioso hallazgo arqueológico de finales de la edad del bronce, que fue descubierto por el italiano Luigi Pernier el día 15 de Julio de 1.908. Actualmente está expuesto en el museo de Herakleion, en Creta.

Durante todo el pasado siglo XX, no ha dejado de estudiarse el posible significado de esos caracteres y de mensaje global que pueda encontrarse en tan singular objeto, sin que se haya podido llegar a conclusión alguna que descarte a las demás. Los más rigurosos arquitectos de la Historia opinan, con razón, que jamás podrá saberse con certeza su contenido entre tanto no se encuentren otras inscripciones parecidas. Desde hace más de cien años el Disco de Festos espera al nuevo Champollión que pueda descifrarlo.

Que este objeto, perteneciente al parecer a la cultura argarico-tartésica,
apareciera en la isla de Creta y en una época de la segunda mitad del siglo segundo a.C. no tiene nada de extraño si se tienen en cuenta los innumerables intercambios comerciales que ya tenían lugar en ese momento de la historia entre los pueblos de la península Ibérica y los del Mediterráneo oriental. Las riquezas minerales de nuestra península y las necesidades de metal de las grandes potencias de la época, incluyeron a los primeros pobladores andaluces dentro del comercio Mediterráneo. Con esta hipótesis cobra fuerza nuevamente la posibilidad de que el Disco de Festos viajara desde la actual Andalucía (España) a la isla de Creta (Grecia) casi 4.000 años atrás.

Para colmar el vaso, no falta quien sugiere que el disco es falso y que el autoproclamado descubridor lo creó de forma indescifrable a fin de mantener la atención y las ayudas que recibía para llevar a cabo sus excavaciones, en un momento en que sus colegas empezaban a copar la atención internacional, especialmente Arthur Evans que esos días había descubierto el Palacio de Knossos.
Esperemos que tal afirmación no sea más que una forma de llamar la atención.
EL ULTIMO CONDILL
No hay comentarios:
Publicar un comentario