7 de noviembre de 2012

0838- EL NO-DO CATALANISTA. (Una más de ovejas y pastores)

Los que ya tenemos una cierta edad recordamos, por la nostalgia de la juventud perdida (que no por nada más) el NO-DO, documental cinematográfico que el Caudillo y Generalísimo de todos los ejércitos españoles (los catalanes también) tenía implantado como elemento propagandístico de primer orden y de obligada visión en todas las salas cinematográficas; casi la única distracción (el cine) en aquellos años de penurias. Era una imposición, un elemento más al servicio de la dictadura. Aunque diciendo amparar libertades que no son tales y con más o menos sutileza, los canales de TV catalanes (al servicio del poder autonómico) ensalzan actualmente el independentismo que desde allí se busca con ahínco, como bálsamo hipnótico que haga olvidar -a los necios- la mala gestión de sus gobernantes y el despilfarro realizado en esa autonomía durante estos últimos años del gobierno de Mas y más. 


El NO-DO de Franco alababa al dictador y a todas sus obras y vilipendiaba a sus detractores, de la misma manera que los canales de televisión autonómica catalana vilipendian a España y a sus gobernantes, predicando la independencia y la separación de una familia española que nada tiene que ver con bancos y políticas de los caciques de turno, que siempre les miró como a un hermano aventajado. En uno y otro caso, se trata de dictaduras, disfrazadas de medicina curalotodo, que nunca conducen a nada bueno más que al propio beneficio de quienes tienen su mano puesta en leyes y cajas. Aunque a los españoles "normales" nos resulte extraño, pues siempre tuvimos a los catalanes en la más alta valoración de trabajo e inteligencia, parece ser que no se dan cuenta de las maniobras de distracción que sus gobernantes les meten en la cabeza para que olviden las fechorías realizadas y se centren en buscar otras cabezas de turco y nuevas formas de gobierno que no les servirán para nada. 


Ni los dirigentes que malgobiernan, ni los independentistas que pregonan alternativas al servicio de los de siempre, son los "camaradas" desarrapados que muchos de los que caminan a su lado en manifestaciones ven como sus iguales. De eso nada. No van por ahí los tiros. Esos aparentes "corderos", a quienes la ciudadanía mira equivocadamente como iguales, no son otra cosa que lobos disfrazados que, si tienen ocasión, les morderán con más ahínco quizás que aquellos que actualmente nos sacan a todos a pastar por la pradera de la vida y de la mediocridad pero, ¿quién está a salvo de eso?. Sobre el papel en una democracia la solución la tiene el pueblo, pero solo sobre el papel. El pueblo es demasiado bueno y fácil de engañar mientras que los charlatanes, además de estar mejor preparados, carecen de vergüenza.

España (y también Cataluña) han sido siempre pradera perfectamente abonada con los "purines" de todos los políticos (centrales y autonómicos) que viven a costa de nuestro trabajo y de nuestra buena voluntad. Los aparentes camaradas, pretendientes al cargo de perro/pastor, saben de sobra que por muy fachas que sean en su interior ( el pastor de izquierdas no existe) a las manifestaciones y a los mítines hay que ir con la ropa y la voz del pueblo llano. Camisa remangada en verano y jersey basto de lana gruesa, o chaqueta de pana, en invierno. Se hablará de los abusos de quienes mandan o mandaron y de los bienes ¿comunes? a conquistar por los allí presentes. Todo mentiras.  Lobos que quieren aparentar ser mansos corderos. Una absoluta necedad que jamás imaginé llevara a cabo el pueblo catalán, a quien siempre tuve en el pedestal de la más absoluta inteligencia. ¿Acaso la independencia salvaría a los mediocres de la mediocridad?. No, pero así se lo han hecho creer a más de cuatro.

Estas cosas siempre suceden en tiempos de penurias. Con las estrecheces, las masas aborregadas, escuchan embelesadas al orador pretendiendo agarrarse a cualquier saliente de la roca que les salve de la posible caída al precipicio. Sin embargo el barranco es hondo y los salientes escasos. 
Los perros/pastores, disfrazados de ovejas merinas con pedigrí, ya tienen copados todos los riscos y si tiene que caer alguien al vacío serán los débiles, los que caen siempre. 
Desde luego, a la vista está que Dios no existe. Si realmente existiera y fuera verdad que nuestra elección del camino estuviera a nuestro libre albedrío nos hubiera hecho iguales, pero eso no fue nunca así. No partimos todos de la misma línea de salida. Siendo tan similares externamente, resulta que cada persona es un mundo totalmente diferente entre sí. Ni los mismos hermanos mellizos, aparentemente idénticos, se parecen lo más mínimo en su interior. Entonces, ¿donde está la capacidad y la libertad de elegir?. Ni existe una, ni otra. La mayoría nacimos para ser corderos y la máxima cota que podemos alcanzar es la de ser perro de pastor. 


Todos tenemos cabeza, cuerpo y extremidades, pero en nada nos parecemos. El cordero solo quiere pastar y vivir en la máxima libertad posible; el perro, aunque al servicio del amo, ya tiene una cota de poder que le da esa satisfacción que complementa sus necesidades psicológicas de poder morder de vez en cuando a la oveja, descarriada o no, que le apetezca. Para el pastor todo eso no es suficiente... El pastor (ya lo dice su nombre) es el jefe supremo del rebaño; quien manda sobre perros y ovejas. Además del alimento y la libertad, el pastor quiere dominar y domina todo y a todos. No es bastante dominar una parte del rebaño, pues tiene la limitación de deber explicaciones a otros. La libertad absoluta es dominar todo un rebaño, aunque sea menor. Sin embargo la maldición de esta vida miserable que nos ha tocado vivir (a ellos también) estriba precisamente en que nadie es completamente feliz, por la sencilla razón de que nadie está satisfecho con lo que tiene. La oveja quiere ser perro, el perro quiere ser pastor, el pastor dueño del rebaño, etc.


La espiral (tornillo sinfin) no tiene un claro final. El que no tiene nada pide pan, el que tiene pan pide carne y el que tiene ambas cosas pide "poder", si puede ser infinito. De los que piden poder, no hay nadie que pase hambre. Solamente cuando el ser humano tiene las necesidades básicas cubiertas es cuando, siéndole insuficiente, quiere también dominar a quienes tiene a su alrededor. A ese lobo disfrazado de cordero, al que en esta entrada llamamos pastor o dueño del rebaño, no le es suficiente tener el pasto asegurado, ni morder de vez en cuando a alguna oveja descarriada. Este lobo ansía mucho más. ¡Lo quiere todo!. Quiere ser dueño y señor de la vida de los demás. Para esta gente, que siempre estuvo bien alimentada, lo importante no es la comida, sino el dominio de los demás. 


Cabrón en lo alto.
Para esos elementos, lo divertido no es formar parte del rebaño, por muy exclusivo que éste sea, sino dirigirlo... Hoy hacia aquí, mañana hacia allá. Ahora todos de rojo, después todos de amarillo. ¡Potente droga y de gran adicción, eso del poder...! Para llegar a pastor de esta clase de rebaños, lo principal es tener pocos escrúpulos y ninguna caridad con los demás. Normas hay pocas y claras:
1ª).- Solo los perfectos cabrones pueden llegar al sitio más alto.
2ª).- Los "perros o segundones" solo pueden acceder a lameculos del cabrón.
3ª).- Esta categoría (lameculos de "perro segundón) ya no es aconsejable pues carece de satisfacciones y huele mucho.

La gente de bien jamás tiene acceso a las dos primeras categorías y huye de la tercera. Ser de la tercera... ¡no interesa porque los de la segunda (que son los que más mierda arrastran) no se lavan el culo!. Una de las frases más oídas en boca de los aspirantes a un cargo público, es aquella que promete que gobernará para todos. Cuando escuchamos esas palabras los oyentes (tontos de solemnidad) creemos que nosotros también formaremos parte de ese grupo de privilegiados. Sin embargo eso no sucede jamás. ¿Por qué?. Pues sencillamente porque nunca hay nuevos elegidos. Los elegidos ya lo están de antemano. En un rebaño de ovejas solo hay tres elementos: el pastor, los perros y las ovejas. El oyente de un mítin o aquel que deambula en las manifestaciones con la ilusión de formar parte de aquella movida, siempre es del tercer grupo, el de los que no pinchan ni cortan. ¡La oveja!

EL ÚLTIMO CONDILL

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